Kelek – ma Kelek Contes de Grimm Louistiti
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La paleta cromática se centra en tonos cálidos: ocres, dorados y rojizos que dominan tanto su vestimenta como su cabello, creando una atmósfera de opulencia y decadencia a la vez. El cabello, estilizado con una exuberancia casi teatral, fluye hacia arriba, intensificando la sensación de movimiento y dramatismo. Sobre su cabeza, posado sobre una elaborada corona floral, se encuentra un macaco, cuya presencia introduce un elemento inesperado y ambiguo. La expresión del primate es curiosa, observadora, quizás incluso burlona, generando una tensión entre la dignidad de la figura femenina y la naturaleza salvaje e impredecible que lo acompaña.
La vestimenta de la mujer es rica en detalles: un cuello alto adornado con pelaje oscuro contrasta con el dorado de su corpiño ricamente bordado. Sus manos están juntas frente a ella, como en una actitud de súplica o contemplación. Sin embargo, esta imagen de recogimiento se ve interrumpida por la presencia de fragmentos de vidrio que parecen incrustados en la superficie del cuadro, atravesando la figura y distorsionando su forma. Estos elementos añaden una capa de complejidad a la obra, sugiriendo fragilidad, vulnerabilidad y quizás incluso un trauma o una ruptura interna.
El fondo, con sus tonalidades azuladas y grises, crea un contraste con los colores cálidos de la figura, acentuando su aislamiento y enfatizando la atmósfera de misterio que impregna la escena. La composición en general evoca una sensación de irrealidad, como si se tratara de un sueño o una visión fragmentada.
En cuanto a los subtextos, es posible interpretar esta obra como una reflexión sobre la identidad, el poder y la fragilidad humana. La figura femenina podría representar una reina despojada de su autoridad, una víctima atrapada en una situación opresiva, o simplemente una mujer que lucha por encontrar su lugar en un mundo caótico e impredecible. El macaco, con su mirada penetrante, podría simbolizar la naturaleza instintiva y animal que reside en todos nosotros, mientras que los fragmentos de vidrio podrían representar las heridas emocionales que nos marcan a lo largo de la vida. La obra invita a una reflexión sobre la dualidad inherente al ser humano: la tensión entre la razón y el instinto, la belleza y la decadencia, la fortaleza y la vulnerabilidad.