Durer Engravings – New Jerusalem and the angel with the key of the Underworld
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En primer plano, dos figuras angelicales ocupan el centro de la atención. Una de ellas, situada en la parte superior del cuadro, se presenta con las alas extendidas, mirando hacia abajo y aparentemente supervisando la escena. Su postura transmite una sensación de autoridad y trascendencia. La otra figura, ubicada en la base, muestra un gesto que parece indicar una entrega o transmisión de poder. Su rostro está parcialmente oculto, lo que podría sugerir misterio o ambigüedad en su papel.
La presencia de elementos naturales es significativa: un árbol seco se alza entre las dos figuras angelicales, simbolizando quizás la decadencia o el paso del tiempo, mientras que una vegetación exuberante rodea a la figura inferior, sugiriendo fertilidad y renovación. En el suelo, se aprecia una disposición de objetos pequeños, cuya interpretación es compleja; podrían representar ofrendas, símbolos de poder o incluso elementos relacionados con un ritual específico.
La técnica de grabado en blanco y negro acentúa los contrastes lumínicos y las líneas angulosas, creando una atmósfera tensa y dramática. La minuciosidad del detalle en la representación de las texturas –las plumas de los ángeles, las piedras de la ciudad, las hojas de la vegetación– contribuye a la sensación de complejidad y profundidad simbólica.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con el poder, la redención, la transición entre estados o mundos. La ciudad en el fondo podría representar una promesa de salvación o un destino final al que se aspira alcanzar. El gesto de la figura angelical inferior sugiere una transferencia de autoridad o conocimiento, posiblemente vinculada a un proceso de iniciación o transformación espiritual. La presencia del árbol seco y los objetos en el suelo invitan a una reflexión sobre la fragilidad de las estructuras humanas y la importancia de los rituales o símbolos para comprender el mundo que nos rodea. La composición, en su conjunto, evoca una sensación de misterio y trascendencia, dejando al espectador con preguntas más que con respuestas definitivas.