img688 Edvard Munch (1863-1944)
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Pintor: Edvard Munch
El cuadro El beso fue pintado por Edvard Munch en 1897. Como todas las obras del escandaloso artista, ésta también crea una doble impresión. Por un lado, tiene un aspecto sombrío, repulsivo y negativo, a pesar de que representa un beso. Por otro lado, la pintura quiere mirar y mirar, revelando poco a poco todas sus facetas, todos sus secretos y misterios. Detrás de una fina cortina, una pareja de enamorados disfruta de un iluminado beso de séptimo grado, ajenos al mundo.
Descripción del cuadro "El beso" de Edvard Munch
El cuadro El beso fue pintado por Edvard Munch en 1897. Como todas las obras del escandaloso artista, ésta también crea una doble impresión. Por un lado, tiene un aspecto sombrío, repulsivo y negativo, a pesar de que representa un beso. Por otro lado, la pintura quiere mirar y mirar, revelando poco a poco todas sus facetas, todos sus secretos y misterios.
Detrás de una fina cortina, una pareja de enamorados disfruta de un iluminado beso de séptimo grado, ajenos al mundo. A pesar de que la situación se considera extremadamente picante, Munch ha plasmado la experiencia con sensibilidad. Al distorsionar el espacio, modifica ligeramente la pasión y la intensidad, que deberían ser ondas eléctricas procedentes de los amantes.
A pesar del esquema de color relativamente pobre, el artista dio un toque de color a algunos detalles. Por ejemplo, los detalles destacados de la ropa naranja de las mujeres no sólo multiplican el temperamento del cuadro, sino que también crean un cierto aire, misterio e incluso fantasía en torno a la pareja.
Pero la intención principal de Edvard Munch era privar a las figuras de contornos y rostros. A pesar de ello, consiguió darles plasticidad y gracia. La ausencia de rostros es una codificación de información sobre los propios personajes del cuadro. Lo más importante son sus experiencias, emociones, sentimientos, no su estatus social ni ningún rasgo facial o de figura. Al fin y al cabo, se supone que el amor sólo existe a nivel espiritual.
Otro detalle del cuadro es la silueta de un hombre vista a través de una pequeña ventana. Es como si Edward Munch separara, con la ayuda de una cortina, la verdadera humanidad y la sociedad sin rostro y vacía. Lo único que importa aquí es el calor de la pasión, al fin y al cabo, el beso en sí mismo, y todo lo demás que hay detrás de ese pequeño cuadrado de habitación es tonto, insignificante y sin valor.
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No se puede comentar Por qué?
El autor ha empleado una paleta cromática limitada, dominada por tonos oscuros: negros, marrones y grises, que contribuyen a la sensación de encierro y desesperanza. La luz es escasa y proviene de una fuente externa, visible a través de una ventana ubicada en el extremo izquierdo del lienzo. Esta abertura lumínica no ofrece consuelo; más bien, ilumina un espacio indefinido, posiblemente un paisaje urbano o una vista caótica que contrasta con la oscuridad que envuelve a la figura. La luz, aunque presente, es insuficiente para disipar las sombras y no alivia el sufrimiento de la mujer.
El tratamiento pictórico es expresionista; los trazos son vigorosos y angulosos, lo que acentúa la tensión emocional de la obra. La pincelada es visible, casi tosca en algunos puntos, reforzando la impresión de una ejecución impulsiva y cargada de sentimiento. La figura no está delineada con precisión, sino que se funde con el fondo oscuro, como si estuviera a punto de desvanecerse o ser absorbida por la oscuridad.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas universales como la soledad, el sufrimiento psicológico y la alienación. La figura femenina puede interpretarse como una representación simbólica del individuo abrumado por las presiones externas y atormentado por sus propios demonios internos. La ventana, a pesar de su presencia, no ofrece esperanza ni escape; más bien, sirve para enfatizar la separación entre el individuo y el mundo exterior. La obra evoca un profundo sentimiento de desolación y una sensación de pérdida irreparable. El encierro físico se convierte en metáfora del encierro emocional, sugiriendo una condición existencial marcada por la desesperanza y la falta de conexión.