Edvard Munch – img741
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La segunda figura, situada a la derecha del plano, es una mujer vestida con un atuendo formal: un traje oscuro con falda larga y un sombrero que cubre gran parte de su cabello. Sus manos están entrelazadas frente a ella, en una actitud que podría interpretarse como nerviosismo, defensa o incluso una forma de contención emocional. Su mirada se dirige hacia adelante, pero sin establecer contacto visual directo con el espectador, lo que contribuye a la sensación de aislamiento y distancia.
La paleta cromática es dominada por tonos fríos: azules, violetas y verdes oscuros, que acentúan la atmósfera opresiva y melancólica del escenario. El uso de pinceladas expresivas y vigorosas, con una marcada ausencia de detalles precisos, contribuye a crear una sensación de inestabilidad visual y emocional. La luz es difusa y poco definida, lo que dificulta la percepción de profundidad y acentúa la sensación de encierro.
Más allá de la representación literal de dos personas en un espacio cerrado, esta pintura parece explorar temas como la alienación, la incomunicación y la angustia existencial. La tensión palpable entre los personajes sugiere una relación conflictiva o, al menos, marcada por la desconfianza. La formalidad del atuendo de la mujer contrasta con la postura más relajada pero perturbada del hombre, lo que podría indicar diferencias sociales o psicológicas entre ellos. El espacio limitado y la falta de conexión visual directa sugieren una sensación de aislamiento y soledad en medio de un entorno aparentemente público. En definitiva, el autor ha plasmado una escena que trasciende la mera representación para adentrarse en la exploración de estados emocionales complejos y perturbadores.