Ivan Konstantinovich Aivazovsky – Seaside city. View of Yalta in 1866 61,5 h78
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El firmamento domina la parte superior del lienzo con una intensa luminosidad. Un resplandor solar, velado parcialmente por nubes densas y oscuras, irradia un halo dorado que ilumina los picos montañosos y el agua. La atmósfera es cargada, presagiando quizás un cambio climático inminente o la intensidad de la luz propia del Mediterráneo.
El mar ocupa una parte considerable de la escena, representado con pinceladas vigorosas que sugieren oleaje turbulento. Se observa una embarcación a vela luchando contra las olas, y en primer plano, una pequeña barca con figuras humanas parece estar siendo arrastrada por la corriente. Esta representación del mar no es meramente descriptiva; transmite una sensación de fuerza natural indomable y un cierto peligro latente.
La ciudad se ubica en la orilla, densa y compacta, con edificios que se apiñan unos a otros. Se distingue una estructura arquitectónica notable, posiblemente un palacio o edificio público, que sobresale por su tamaño y diseño clásico. La presencia de figuras humanas dispersas por el paisaje urbano sugiere actividad cotidiana, pero también una cierta vulnerabilidad frente a la inmensidad del entorno natural.
La paleta cromática es rica en tonos cálidos: dorados, ocres, amarillos y verdes intensos que contrastan con los grises y azules oscuros de las montañas y el mar embravecido. Esta combinación de colores contribuye a crear una atmósfera dramática y emotiva.
Más allá de la representación literal del paisaje, esta obra parece explorar temas como la relación entre el hombre y la naturaleza, la fragilidad de la civilización frente a los elementos, y la búsqueda de la luz en medio de la adversidad. La escala monumental de las montañas y el mar enfatiza la pequeñez del ser humano y su lucha por sobrevivir en un entorno implacable. El resplandor solar, aunque velado, sugiere una esperanza persistente, una promesa de renovación tras la tormenta.