Brothers Limbourg – Limbourg bros Belles Heures de Duc du Berry- Folio 169- St.
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En primer plano, un hombre despojado de su vestimenta, con el torso desnudo y las extremidades marcadas por la fatiga o el sufrimiento, se inclina ante una figura montada a caballo. Su gesto es de sumisión, quizás de súplica o reverencia. El caballo, de pelaje blanco inmaculado, domina visualmente la composición por su tamaño y posición central. El jinete, ataviado con ropas suntuosas que incluyen un jubón color rosa y una capa roja adornada con motivos decorativos, parece ofrecerle algo a otro personaje situado a su derecha.
Este segundo hombre, de rostro anciano y barba blanca, se encuentra parcialmente en sombra, lo que acentúa la solemnidad del momento. Levanta una mano hacia el jinete, posiblemente indicando o recibiendo aquello que este le ofrece. Su postura es de respeto y atención.
En el fondo, sobre un cielo azul intenso, se vislumbra una figura alada, presumiblemente un ángel, cuyo gesto parece señalar la escena con aprobación o bendición. La arquitectura del fondo, con sus arcos y ventanas, contribuye a crear una sensación de profundidad y monumentalidad. El pavimento adoquinado en el primer plano refuerza la idea de un espacio urbano definido.
La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de tonos cálidos como el rojo, el dorado y el rosa, contrastados por el azul del cielo y el blanco del caballo. La minuciosidad en los detalles, especialmente en la representación de las texturas (la tela de las ropas, el pelaje del caballo, la piedra del pavimento), denota un gran dominio técnico por parte del artista.
Más allá de la narrativa evidente, se pueden inferir varios subtextos. El acto de sumisión del hombre despojado podría interpretarse como una representación de la humildad o la penitencia. La figura montada a caballo, con su atuendo regio y el caballo blanco que simboliza pureza y poder, sugiere una posición de autoridad, posiblemente real o divina. El anciano, con su gesto de recepción, podría representar la sabiduría, la justicia o la intermediación entre lo terrenal y lo celestial. La presencia del ángel refuerza la dimensión espiritual de la escena, sugiriendo un contexto divino que trasciende los acontecimientos humanos. En conjunto, la pintura evoca una atmósfera de solemnidad, devoción y poder, invitando a la reflexión sobre temas como la fe, el arrepentimiento y la gracia divina.