Bartolome Esteban Murillo – St. Justa and St. Rufina
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A la izquierda, una mujer viste un manto ocre dorado sobre una túnica rosada, sosteniendo en su mano un racimo de espigas doradas. A su derecha, otra figura porta un manto rojo intenso sobre una vestimenta oscura, también con un racimo similar. La disposición simétrica de las figuras y los atributos refuerza la idea de dualidad o complementariedad.
Entre ellas se alza una torre, de diseño arquitectónico singular, que parece ser una representación estilizada de una edificación religiosa. Su presencia actúa como un eje central, conectando a las dos mujeres y otorgándole a la escena una dimensión simbólica más profunda. La torre no es simplemente un elemento decorativo; su altura y solidez sugieren fortaleza espiritual y trascendencia.
En el primer plano, sobre una superficie oscura que se asemeja a un pedestal o base, se disponen diversos objetos de cerámica: ánforas, jarras y platos. Estos elementos, aparentemente cotidianos, podrían aludir a la provisión, la abundancia o incluso a la humildad. Su disposición desordenada contrasta con la formalidad de las figuras principales, introduciendo una nota de realismo terrenal en un contexto eminentemente espiritual.
La paleta cromática es rica y cálida, dominada por tonos dorados, rojos y ocres que evocan nobleza, sacrificio y fervor religioso. La técnica pictórica denota maestría en el manejo del claroscuro, creando una atmósfera de solemnidad y misterio.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la fe, la virtud y la perseverancia. Las espigas podrían simbolizar la fertilidad, la abundancia o incluso el martirio, mientras que los objetos cerámicos sugieren una conexión con las necesidades básicas y la vida cotidiana. La torre, como símbolo arquitectónico de lo divino, eleva la escena a un plano trascendental, invitando a la contemplación y a la reflexión sobre la relación entre lo terrenal y lo espiritual. La similitud física de las mujeres podría interpretarse como una representación de la unidad en la diversidad o de la fuerza que reside en la fe compartida.