Anna Rosina Lisiewska – Peter III and Catherine II of Russia
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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A su derecha, la mujer ocupa el centro visual del cuadro. Se presenta recostada sobre lo que parece ser un diván o sillón ricamente tapizado, adoptando una pose más relajada y accesible. Su mirada se dirige hacia adelante, con una expresión que sugiere confianza y control. El vestido que viste, de un tono plateado brillante, está adornado con detalles florales y joyas, enfatizando su estatus y belleza. La mano izquierda descansa sobre el muslo del hombre a su lado, creando una conexión física sutil pero significativa.
Entre ambos se encuentra una figura infantil, ataviada con ropas opulentas que incluyen un turbante decorado con plumas. El niño parece observar algo fuera del marco de la pintura, con una expresión que mezcla curiosidad y timidez. Su presencia introduce una dimensión familiar a la escena, aunque su posición entre los dos adultos sugiere también una subordinación a su autoridad.
La paleta cromática es dominada por tonos fríos: plateados, grises y azules, acentuados por toques de rojo en las decoraciones del vestido de la mujer y el encaje del hombre. La iluminación es uniforme, sin sombras dramáticas, lo que contribuye a una atmósfera de formalidad y opulencia. El fondo oscuro, con sugerencias de cortinas pesadas, concentra la atención sobre los personajes principales.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece transmitir un mensaje sobre el poder y la legitimidad. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía clara, con el hombre y la mujer como figuras centrales que ejercen su autoridad. La presencia del niño podría interpretarse como una afirmación de la continuidad dinástica o como un símbolo de esperanza para el futuro. No obstante, la expresión ligeramente tensa del hombre y la pose deliberadamente relajada de la mujer sugieren también una complejidad subyacente en las relaciones entre ellos, insinuando quizás tensiones o ambiciones ocultas tras la fachada de la armonía real. La composición general, con su énfasis en el lujo y la formalidad, busca proyectar una imagen de grandeza y estabilidad para la monarquía representada.