Sir Edward Burne-Jones – Temperantia
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Aquí se observa una figura femenina central, representada en un formato vertical que acentúa su presencia y la acción que realiza. La joven sostiene un gran cántaro negro sobre su cabeza, del cual emana un flujo continuo de agua que se dirige hacia abajo, donde parece extinguir unas llamas que brotan del suelo. Su vestimenta es ligera, drapeada con telas que sugieren movimiento y una cierta fragilidad física. Los pliegues de la tela, en tonos ocres y dorados, contribuyen a crear una sensación de volumen y textura.
La postura de la figura es tensa, ligeramente inclinada hacia adelante para mantener el equilibrio del cántaro, lo cual transmite un esfuerzo contenido. Su rostro, parcialmente velado por su cabello ondulante, denota una expresión serena, casi melancólica, que contrasta con la energía dinámica del agua y las llamas. El cabello, abundante y rizado, enmarca su cara y se mezcla con los elementos naturales circundantes.
En el fondo, se aprecian inscripciones verticales, aparentemente integradas en un marco vegetal que delimita la escena. Estas letras, aunque difíciles de descifrar completamente, sugieren una conexión con conceptos abstractos o virtudes morales. La paleta cromática es cálida y terrosa, dominada por tonos amarillos, dorados y ocres, que evocan la tierra, el sol y quizás, un simbolismo relacionado con la fertilidad o la purificación.
La obra parece explorar una alegoría de la moderación y el autocontrol. El agua, símbolo tradicional de la vida y la pureza, se opone al fuego, representación del deseo descontrolado o la pasión destructiva. La figura femenina encarna la virtud de la temperantia, la capacidad de equilibrar fuerzas opuestas para alcanzar un estado de armonía interior. La escena no es simplemente una representación literal; más bien, invita a la reflexión sobre la importancia de la disciplina y el dominio propio en la búsqueda del bienestar espiritual. El gesto de extinguir las llamas con agua sugiere que incluso los impulsos más intensos pueden ser controlados mediante la razón y la moderación. La luz, aunque cálida, no es deslumbrante; ilumina la figura central sin ocultar la tensión inherente a su tarea.