Part 5 Prado Museum – Poussin, Nicolas -- Escena báquica
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La mujer, sentada sobre un manto carmesí que contrasta con la penumbra circundante, sostiene un recipiente de bronce en su regazo. Su expresión es contemplativa, casi melancólica, mientras observa lo que acontece a su alrededor. La luz incide sobre su piel, resaltando sus facciones y la delicadeza de sus rasgos.
El sátiro, figura híbrida mitad hombre mitad cabra, se encuentra en una posición dominante, con un pie apoyado sobre el muslo de la mujer. Levanta un cántaro dorado, aparentemente ofreciéndolo al niño que lo acompaña. Su mirada es intensa y su postura sugiere una mezcla de burla y desafío. La profusión de follaje que adorna su cuerpo refuerza su conexión con la naturaleza salvaje y los placeres terrenales.
El niño, pequeño y desnudo, se aferra al cántaro ofrecido por el sátiro. Su rostro es sereno e inexperto, contrastando con la energía desbordante de la figura masculina que lo guía. La luz que lo baña sugiere una inocencia primordial, un futuro aún por desarrollarse.
El fondo, difuminado y brumoso, revela un paisaje agreste con un cuerpo de agua a lo lejos. Un árbol imponente se eleva sobre las figuras, enmarcando la escena y otorgándole una sensación de atemporalidad. La vegetación exuberante contribuye a crear una atmósfera densa y misteriosa.
La pintura parece explorar temas como el amor, la naturaleza, la inocencia y la decadencia. El contraste entre la belleza idealizada de la mujer y la figura salvaje del sátiro sugiere una tensión inherente en la relación entre la civilización y lo instintivo. La presencia del niño introduce un elemento de esperanza y renovación, insinuando que incluso en medio de la confusión y el caos, la vida continúa su curso. El gesto de ofrecer el cántaro podría interpretarse como una ofrenda, una invitación a participar en los misterios de la existencia. En definitiva, la obra invita a la reflexión sobre la condición humana y la complejidad de las relaciones interpersonales.