Part 5 Prado Museum – Moreno Carbonero, José -- El príncipe don Carlos de Viana
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Aquí se observa una escena interior que evoca un ambiente de estudio o biblioteca privada. El foco central es la figura de un hombre joven, sentado en un sillón con respaldo alto y ornamentado. Su postura sugiere contemplación, quizás melancolía; su mirada está dirigida hacia abajo, como absorto en sus pensamientos. Viste una bata lujosa, de color dorado que contrasta con los tonos más oscuros del entorno.
El espacio que lo rodea es denso y cargado de objetos: estanterías repletas de libros antiguos, un atril abierto sobre el cual se apoya un documento, pergaminos desparramados sobre una almohadón rojo en el suelo, pinceles y otros utensilios artísticos dispersos. Esta acumulación de elementos sugiere una vida dedicada al conocimiento, a la creación artística o a ambas cosas simultáneamente.
La iluminación es tenue y dirigida principalmente hacia la figura del hombre, creando un halo que lo distingue del resto de la escena. Esto acentúa su individualidad y refuerza la impresión de introspección. La luz también resalta los detalles de sus ropas y el mobiliario, contribuyendo a una atmósfera de opulencia y refinamiento.
Un perro blanco, aparentemente dormido, reposa a sus pies. Su presencia introduce un elemento de lealtad, compañía o incluso inocencia en contraste con la complejidad del personaje principal. El animal parece ajeno a la tensión intelectual que emana del hombre.
En el plano iconográfico, se percibe una clara alusión al ideal del uomo universale, aquel individuo renacentista versado en diversas disciplinas y comprometido con el desarrollo integral de su ser. La biblioteca como escenario refuerza esta idea, simbolizando el acceso al saber y la búsqueda constante de la verdad. No obstante, la expresión melancólica del hombre sugiere una insatisfacción subyacente, una conciencia de las limitaciones inherentes a la condición humana. El desorden en los objetos, lejos de indicar descuido, podría interpretarse como un reflejo de la complejidad interna del personaje y de su proceso creativo.
La composición es vertical, enfatizada por el sillón con respaldo alto y las estanterías que se elevan hacia arriba. Esta verticalidad contribuye a una sensación de solemnidad y grandeza. La paleta de colores es rica en tonos cálidos – dorados, ocres, marrones – que evocan la atmósfera de un lugar antiguo y lleno de historia. En conjunto, la obra transmite una reflexión sobre el conocimiento, la soledad, la ambición y la búsqueda del sentido en la vida.