Sassetta – Virgin and Child with Saints
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En el panel izquierdo, un hombre ataviado con hábito franciscano sostiene un libro abierto, su mirada dirigida hacia abajo, posiblemente en actitud de contemplación o lectura devocional. La paleta cromática se centra en tonos terrosos: ocres, marrones y verdes apagados que contribuyen a una sensación de humildad y recogimiento.
El panel central domina la composición con una figura femenina sentada sobre un trono ricamente decorado con motivos vegetales estilizados. Ella sostiene en su regazo a un niño pequeño, ambos envueltos en ropajes de colores intensos: azul profundo para la mujer y dorado para el infante. Detrás de ellos, se vislumbran otras figuras angelicales, también bañadas en una luz dorada que acentúa su carácter celestial. La disposición de las manos de la figura femenina, con un gesto protector sobre el niño, transmite ternura maternal y divinidad.
Finalmente, en el panel derecho, otro hombre, vestido con ropajes rojos, se presenta con una expresión serena y una mano apoyada sobre un objeto que podría ser un libro o un pergamino. Su barba blanca y su cabello canoso sugieren sabiduría y experiencia. La paleta de colores aquí es más vibrante, contrastando con la sobriedad del panel izquierdo.
La pintura exhibe una marcada falta de naturalismo en las representaciones humanas; los rostros son idealizados y las figuras se presentan de manera formal y hierática. El uso extensivo del dorado no solo sirve como elemento decorativo sino también para simbolizar lo divino, la luz celestial y la riqueza espiritual.
Subtextualmente, esta obra parece invitar a la reflexión sobre temas de fe, devoción y la relación entre el mundo terrenal y el divino. La presencia de los santos en los paneles laterales sugiere una conexión entre los fieles y las figuras sagradas, mientras que la imagen central enfatiza la maternidad divina y la encarnación. La composición tripartita podría interpretarse como una representación del cuerpo místico de Cristo: la Iglesia, con sus santos y su figura central, María, como intercesora. La disposición vertical refuerza la idea de ascensión espiritual y conexión con lo trascendente.