Cimabue – The Virgin and Child Enthroned with Two Angels
Ubicación: National Gallery, London.
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En su regazo descansa un niño pequeño, identificado como el Cristo, quien sostiene una prenda de vestir, posiblemente un manto o paño. La postura del infante es formal, casi rígida, lo cual contribuye a la atmósfera solemne de la escena. A ambos lados de María se encuentran dos ángeles, también sentados y con actitudes reverentes. Sus rostros son delicados y sus cuerpos envueltos en túnicas que sugieren una jerarquía angelical.
El fondo es completamente dorado, un recurso iconográfico común para simbolizar la divinidad y el reino celestial. Este uso del oro no solo aporta luminosidad a la composición sino que también crea una sensación de trascendencia, separando la escena representada del mundo terrenal.
La pintura se caracteriza por su frontalidad y falta de perspectiva naturalista, elementos propios de un estilo artístico medieval. Las figuras están dispuestas en el plano frontal, sin profundidad aparente, lo cual refuerza la idea de una representación simbólica más que realista. La ausencia de detalles ambientales o paisajes contribuye a centrar la atención del espectador en las figuras principales y su significado espiritual.
Subtextualmente, la obra transmite un mensaje de devoción, maternidad divina y protección celestial. El trono simboliza el poder y la majestad de María, mientras que los ángeles actúan como intercesores entre lo divino y lo humano. La paleta de colores, dominada por el rojo (que puede aludir a la pasión o la realeza) y el dorado (símbolo de la divinidad), intensifica la atmósfera de solemnidad y reverencia. Se intuye una intención didáctica: presentar un modelo de virtud religiosa y devoción maternal para la contemplación del espectador.