Michel Leroux – Le jardin botanique de Montreal
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El suelo, cubierto por una densa capa de flores moradas, establece un contraste visual con el agua y sirve como base para la exuberancia que se despliega hacia atrás. La paleta cromática es rica y saturada: predominan los tonos violetas, púrpuras, amarillos dorados y verdes intensos, creando una atmósfera cálida y luminosa. La pincelada es visible, con trazos cortos y texturizados que contribuyen a la sensación de vitalidad y abundancia.
En el plano medio y posterior, se observa una variedad de plantas y arbustos, dispuestos en una composición aparentemente aleatoria pero cuidadosamente equilibrada. La luz parece filtrarse entre las hojas, creando zonas de sombra y resaltando los detalles de cada planta individualmente. No hay figuras humanas presentes; la atención se centra exclusivamente en el mundo natural.
Más allá de la representación literal del jardín, la obra sugiere una reflexión sobre la belleza efímera de la naturaleza y su capacidad para generar asombro. La abundancia de flores y la claridad del agua pueden interpretarse como símbolos de fertilidad, renovación y esperanza. La composición invita a la contemplación silenciosa, ofreciendo un refugio visual del mundo exterior. Se intuye una intención de capturar no solo la apariencia física del jardín, sino también su esencia vital, su atmósfera particular que evoca tranquilidad y armonía. La ausencia de elementos perturbadores refuerza esta sensación de paz y serenidad.