J. Paul Getty Museum – Utrecht Adrian van (Antwerp 1599-1652) - Still life with game, vegetables, fruit and cockatoos (117x249 cm) 1650
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Aquí se presenta una composición de bodegón sumamente elaborada y densa en elementos. La escena se articula alrededor de una mesa cubierta con un tapiz azul oscuro, que sirve como soporte para una profusa acumulación de alimentos y objetos diversos. En el centro, un elaborado marco circular sostiene piezas de caza: un conejo y diversas aves colgando, sugiriendo la abundancia y la provisión.
A la izquierda, se observa una mesa auxiliar repleta de frutas y bayas, dispuestas con meticuloso detalle para resaltar su textura y color. Un loro blanco, posado sobre un soporte ornamentado, introduce un elemento exótico y vivo en el conjunto. Su mirada parece dirigida hacia el espectador, añadiendo una capa de interés psicológico a la composición.
A la derecha, una cesta desborda con manzanas rojas y amarillas, complementando la riqueza cromática general. La iluminación es teatral, con fuertes contrastes que acentúan las superficies brillantes de las frutas y los reflejos en el plumaje de las aves. La luz parece provenir de un punto fuera del campo visual, creando una atmósfera de misterio y opulencia.
Más allá de la mera representación de alimentos, esta pintura sugiere una reflexión sobre la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad de la decadencia. La presencia de la caza, junto con las frutas maduras y los alimentos perecederos, evoca el memento mori, un tema recurrente en el arte del siglo XVII. La abundancia mostrada puede interpretarse como una manifestación de prosperidad material, pero también como una advertencia sobre la fragilidad de dicha prosperidad.
El loro, con su presencia exótica y su mirada penetrante, podría simbolizar la vanidad o la observación crítica. Su inclusión introduce un elemento de distanciamiento, sugiriendo que el espectador es un observador externo a esta escena de abundancia y decadencia. La disposición meticulosa de los objetos, casi teatral, invita a una contemplación pausada sobre la belleza efímera del mundo material y las reflexiones filosóficas que suscita. La composición, en su conjunto, transmite una sensación de riqueza, pero también de melancolía subyacente.