Veronese – Figures on a terrace
Ubicación: Private Collection
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El núcleo de la composición lo forman tres figuras femeninas: una mujer sentada, presumiblemente la principal, que sostiene un niño en brazos; a su lado, otra mujer con el rostro parcialmente velado, y una tercera, ligeramente más alejada, que parece observar la interacción central. La figura femenina sentada irradia una dignidad serena, reforzada por sus ropajes fluidos y la postura erguida. El niño, situado en primer plano, es el foco de atención, su presencia sugiriendo un elemento de continuidad o bendición.
A la izquierda, la figura masculina, con una expresión que oscila entre la reverencia y la súplica, se dirige hacia el grupo central. Su gesto extendido implica una ofrenda, una petición o quizás una búsqueda de aceptación. La posición ligeramente inclinada del cuerpo acentúa su humildad. A su lado, un hombre observa la escena con semblante pensativo, posiblemente actuando como mediador o testigo.
El paisaje que se extiende detrás de las figuras contribuye a la atmósfera general de solemnidad y contemplación. Los árboles delineados con precisión sugieren una naturaleza exuberante y ordenada, en contraste con la tensión emocional palpable entre los personajes. La luz, aunque difusa, ilumina principalmente el grupo central, enfatizando su importancia dentro del conjunto.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de autoridad, devoción y búsqueda de gracia o perdón. El gesto de la figura masculina podría interpretarse como una súplica a una entidad superior representada por las mujeres sentadas. La presencia del niño introduce un elemento de esperanza y renovación. La composición, con su disposición simétrica y sus figuras idealizadas, sugiere una escena de carácter religioso o mitológico, aunque carece de elementos narrativos explícitos que permitan una interpretación definitiva. El uso de la barandilla crea una separación entre los observadores (nosotros) y el evento representado, sugiriendo una distancia emocional y una perspectiva privilegiada. La atmósfera general es de recogimiento y respeto, invitando a la reflexión sobre las relaciones humanas y su conexión con lo trascendente.