Harriet Backer – Interior with Figures. (1886)
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En primer plano, una niña pequeña está sentada en el suelo, absorta en su juego. Su postura inclinada y la expresión concentrada sugieren un mundo interior rico en fantasía e imaginación. A sus pies, un perro dormita plácidamente, integrándose en la escena como un compañero silencioso.
La figura femenina de pie junto a la ventana es el punto focal principal. Vestida con un atuendo que sugiere una cierta formalidad, parece absorta en sus pensamientos, mirando hacia afuera, más allá del marco de la ventana. Su postura es tensa, casi rígida, lo que podría indicar una sensación de inquietud o melancolía. La presencia de un retrato al óleo colgado en la pared, a su izquierda, añade una capa adicional de complejidad a la interpretación: ¿se trata de un familiar? ¿Un ideal perdido?
El mobiliario es sencillo pero funcional: sillas de madera, un aparador con adornos florales y una chimenea que sirve como superficie para diversos objetos. La planta en maceta sobre el aparador introduce un elemento de vida y vitalidad en la estancia, contrastando con la atmósfera general de introspección. La presencia de una escultura de bronce sobre la chimenea sugiere un interés por las artes y la cultura.
El uso del color es deliberado: los tonos verdes y marrones dominan la paleta, creando una sensación de calma y estabilidad. Los toques de rojo en la silla y el retrato aportan puntos de contraste visual que atraen la atención del espectador.
La composición general sugiere una reflexión sobre la soledad, la contemplación y la fugacidad del tiempo. La escena evoca un sentimiento de nostalgia por un pasado idealizado o una añoranza por algo inalcanzable. El artista parece interesado en capturar no solo la apariencia visual de la estancia, sino también el estado emocional de sus habitantes. Se intuye una historia personal detrás de esta representación doméstica, una narrativa silenciosa que invita a la reflexión y a la interpretación individual.