Goya y Lucientes, Francisco Jose de – Ferdinand Guillemardet (1765-1809), Ambassadeur de France en Espagne (1798-1800) Canvas, 186 x 124 cm MI 697 Part 2 Louvre
Part 2 Louvre – Goya y Lucientes, Francisco Jose de -- Ferdinand Guillemardet (1765-1809), Ambassadeur de France en Espagne (1798-1800) Canvas, 186 x 124 cm MI 697
Aquí se observa un retrato de medio cuerpo que presenta a un hombre sentado en una silla con respaldo. La composición es frontal y ligeramente diagonal, otorgando dinamismo a la figura. El sujeto viste un uniforme oscuro, posiblemente militar o diplomático, cuyo corte sugiere finales del siglo XVIII o principios del XIX. La paleta cromática se centra en tonos fríos: verdes oscuros, negros y grises, con toques de blanco en el rostro y el cuello, creando una atmósfera sobria y formal. El hombre está sentado con las manos apoyadas sobre un escritorio cubierto por una tela dorada que contrasta con la oscuridad del atuendo. Sobre este escritorio se aprecian algunos objetos: un sombrero adornado con plumas rojas y azules, así como otros elementos cuyo significado preciso es difícil de determinar sin mayor contexto. La iluminación incide principalmente en el rostro y las manos del retratado, dejando el resto de la escena sumido en una penumbra que acentúa su figura y le confiere un aire de misterio. La expresión del hombre es reservada; se percibe una mezcla de seriedad e introspección. Su mirada, dirigida hacia adelante, no establece una conexión directa con el espectador, sugiriendo una cierta distancia o formalidad. La postura corporal, aunque relajada en la silla, denota un cierto control y dignidad. Más allá de la representación literal del individuo, se intuyen subtextos relacionados con el poder y el estatus social. El uniforme, los objetos sobre el escritorio y la pose estudiada apuntan a una posición privilegiada dentro de la jerarquía política o militar. La penumbra que rodea al retratado podría interpretarse como un símbolo de la complejidad y las sombras inherentes al ejercicio del poder. La tela dorada sobre el escritorio, con su brillo contenido, sugiere riqueza pero también una cierta contención en la ostentación. En definitiva, esta pintura es más que un simple retrato; es una representación simbólica de una figura pública, envuelta en una atmósfera de formalidad y misterio, que invita a la reflexión sobre el poder y la condición humana. La maestría del artista reside en su capacidad para transmitir estas sutiles connotaciones a través de la composición, la iluminación y la expresión del retratado.
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Goya y Lucientes, Francisco Jose de -- Ferdinand Guillemardet (1765-1809), Ambassadeur de France en Espagne (1798-1800) Canvas, 186 x 124 cm MI 697 — Part 2 Louvre
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El hombre está sentado con las manos apoyadas sobre un escritorio cubierto por una tela dorada que contrasta con la oscuridad del atuendo. Sobre este escritorio se aprecian algunos objetos: un sombrero adornado con plumas rojas y azules, así como otros elementos cuyo significado preciso es difícil de determinar sin mayor contexto. La iluminación incide principalmente en el rostro y las manos del retratado, dejando el resto de la escena sumido en una penumbra que acentúa su figura y le confiere un aire de misterio.
La expresión del hombre es reservada; se percibe una mezcla de seriedad e introspección. Su mirada, dirigida hacia adelante, no establece una conexión directa con el espectador, sugiriendo una cierta distancia o formalidad. La postura corporal, aunque relajada en la silla, denota un cierto control y dignidad.
Más allá de la representación literal del individuo, se intuyen subtextos relacionados con el poder y el estatus social. El uniforme, los objetos sobre el escritorio y la pose estudiada apuntan a una posición privilegiada dentro de la jerarquía política o militar. La penumbra que rodea al retratado podría interpretarse como un símbolo de la complejidad y las sombras inherentes al ejercicio del poder. La tela dorada sobre el escritorio, con su brillo contenido, sugiere riqueza pero también una cierta contención en la ostentación.
En definitiva, esta pintura es más que un simple retrato; es una representación simbólica de una figura pública, envuelta en una atmósfera de formalidad y misterio, que invita a la reflexión sobre el poder y la condición humana. La maestría del artista reside en su capacidad para transmitir estas sutiles connotaciones a través de la composición, la iluminación y la expresión del retratado.