Louis John Steele – Portrait of a young Maori woman with moko
Ubicación: Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa, Wellington.
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Aquí se observa un retrato de una joven mujer, presumiblemente perteneciente a la cultura maorí, capturada en un formato que evoca los retratos tradicionales europeos del siglo XIX. La composición es frontal y centrada, enfatizando la presencia imponente de la figura. El fondo neutro, casi ausente, dirige toda la atención hacia el rostro y el atuendo de la retratada.
La característica más llamativa es sin duda el moko, la intrincada tatuaje facial que cubre gran parte de su cara. Este elemento no solo define su identidad cultural, sino que también introduce una complejidad visual que desafía las convenciones del retrato occidental. La meticulosidad y la profundidad de los grabados sugieren un significado profundo, posiblemente narrativo o genealógico, aunque el espectador carece de la clave para descifrarlo completamente.
El cabello negro, abundante y ligeramente despeinado, enmarca su rostro con una expresividad naturalista. Un adorno floral, que combina hojas verdes y flores rojas, se introduce como un elemento contrastante, añadiendo un toque de color y vitalidad a la composición. Los largos aretes colgantes, de un tono verdoso intenso, contribuyen a la verticalidad del retrato y acentúan la simetría facial.
El atuendo, compuesto por una capa o manta con un diseño geométrico en blanco y negro, sugiere una vestimenta ceremonial o formal. Un colgante, posiblemente de origen ancestral, se aprecia sobre el pecho, reforzando la conexión con su herencia cultural.
La mirada directa de la retratada es particularmente significativa. No hay evasión ni sumisión; más bien, se proyecta una dignidad serena y una fuerza interior que desafían cualquier intento de exotización o simplificación. La expresión facial, aunque sutil, transmite una mezcla de introspección y resistencia.
Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre el encuentro entre culturas. El retrato, realizado por un artista occidental, parece buscar capturar la esencia de la identidad maorí, pero inevitablemente lo hace a través del prisma de una sensibilidad europea. La formalidad del retrato, las convenciones artísticas empleadas y la propia posesión de la obra (presumiblemente por un coleccionista europeo) sugieren una dinámica de poder desigual que es inherente al contexto histórico en el que fue creada. El retrato se convierte así en un documento visual complejo, que invita a reflexionar sobre la representación, la identidad y las relaciones interculturales.