Philadelphia Museum of Art – Pieter Dubordieu, Dutch (active Leiden and Amsterdam), born 1609/10, still active 1678 -- Portrait of Jeanne de Planque
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La iluminación es suave y concentrada en el rostro y las manos, dejando el fondo sumido en una penumbra que acentúa la figura principal. La paleta cromática se limita a tonos oscuros: negros, grises y blancos, con sutiles matices en los tejidos. Este uso restringido del color contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y seriedad.
La mujer viste un atuendo elegante y formal. Un cuello alto y rígido, confeccionado en blanco, rodea su rostro, enfatizando la línea de la mandíbula y aportando una nota de severidad al conjunto. El vestido, de terciopelo negro ricamente decorado con motivos florales bordados, sugiere un estatus social elevado. Los puños de encaje delicado contrastan con la sobriedad del resto del atuendo, añadiendo un toque de refinamiento y opulencia.
En su mano izquierda sostiene un libro cerrado, posiblemente un volumen religioso o de carácter moralizante. Este objeto simboliza el conocimiento, la virtud y la piedad. En la otra mano, porta un pequeño abanico, un accesorio común en los retratos femeninos de la época, que puede interpretarse como un símbolo de modestia y control.
La composición es estática y equilibrada. La figura se presenta frontalmente, lo que facilita el contacto visual con el espectador. El fondo oscuro actúa como telón de fondo neutro, permitiendo que la atención se centre en la mujer retratada.
Más allá de la representación literal, esta pintura sugiere una serie de subtextos relacionados con la identidad femenina en la sociedad holandesa del siglo XVII. La postura erguida, la mirada directa y el atuendo formal transmiten una imagen de fortaleza, independencia y respeto por uno mismo. El libro y el abanico aluden a valores como la virtud, la modestia y el conocimiento. En conjunto, la obra parece querer ofrecer un retrato idealizado de una mujer culta, piadosa y perteneciente a una clase social acomodada. La ausencia de elementos decorativos superfluos refuerza la impresión de sobriedad y dignidad que caracteriza al personaje representado.