Attributed to Jan van Eyck, Netherlandish (active Bruges), first documented 1422, died 1441 – Saint Francis of Assisi Receiving the Stigmata Philadelphia Museum of Art
Philadelphia Museum of Art – Attributed to Jan van Eyck, Netherlandish (active Bruges), first documented 1422, died 1441 -- Saint Francis of Assisi Receiving the Stigmata
El lienzo presenta una escena de profunda devoción religiosa, ambientada en un paisaje rocoso y agreste. En primer plano, dos figuras masculinas dominan la composición. A la izquierda, un hombre vestido con hábitos franciscanos, de color marrón terroso, se encuentra de pie, con las palmas de las manos extendidas en una actitud de súplica o recepción. Su rostro irradia una mezcla de éxtasis y dolor contenido, los ojos fijos en el punto focal del cuadro. A su derecha, otra figura, ataviada con un hábito oscuro que la sumerge en la sombra, se arrodilla con la cabeza inclinada, mostrando una postura de intensa penitencia y humildad. El autor ha dispuesto en el centro de la composición la imagen central del evento: una representación de Cristo crucificado suspendido sobre un promontorio rocoso. La figura de Cristo, iluminada por una luz celestial, se presenta con los signos de su pasión claramente visibles. Su cuerpo, aunque sufriente, transmite una serenidad trascendente que contrasta con el dramatismo de la escena terrenal. El paisaje que sirve de telón de fondo es meticulosamente detallado. Se observa un río serpenteante que se pierde en la distancia, donde se vislumbran las siluetas de una ciudad fortificada, posiblemente representando una urbe medieval. La vegetación, aunque escasa, está representada con gran precisión botánica, evidenciando el interés del artista por la observación directa de la naturaleza. La paleta cromática es rica y terrosa, dominada por tonos ocres, marrones y grises, que contribuyen a crear una atmósfera de solemnidad y recogimiento. La luz juega un papel crucial en la composición, iluminando selectivamente las figuras principales y creando contrastes dramáticos que acentúan su expresividad. Más allá de la representación literal del evento religioso, el cuadro sugiere una reflexión sobre la fe, el sufrimiento y la redención. La postura de las figuras humanas, sus expresiones faciales y la disposición del paisaje invitan a la contemplación y a la introspección. Se percibe una tensión entre lo terrenal y lo divino, entre el dolor humano y la gracia celestial. El artista parece querer transmitir un mensaje sobre la importancia de la humildad, la penitencia y la entrega incondicional a Dios. La ciudad en la lejanía podría simbolizar tanto la esperanza como la fragilidad del mundo material frente a la trascendencia espiritual.
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Comentarios: 1 Ответы
Wou nu eta uje wdrugoi dzela bravo I malazi rebiata
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El autor ha dispuesto en el centro de la composición la imagen central del evento: una representación de Cristo crucificado suspendido sobre un promontorio rocoso. La figura de Cristo, iluminada por una luz celestial, se presenta con los signos de su pasión claramente visibles. Su cuerpo, aunque sufriente, transmite una serenidad trascendente que contrasta con el dramatismo de la escena terrenal.
El paisaje que sirve de telón de fondo es meticulosamente detallado. Se observa un río serpenteante que se pierde en la distancia, donde se vislumbran las siluetas de una ciudad fortificada, posiblemente representando una urbe medieval. La vegetación, aunque escasa, está representada con gran precisión botánica, evidenciando el interés del artista por la observación directa de la naturaleza.
La paleta cromática es rica y terrosa, dominada por tonos ocres, marrones y grises, que contribuyen a crear una atmósfera de solemnidad y recogimiento. La luz juega un papel crucial en la composición, iluminando selectivamente las figuras principales y creando contrastes dramáticos que acentúan su expresividad.
Más allá de la representación literal del evento religioso, el cuadro sugiere una reflexión sobre la fe, el sufrimiento y la redención. La postura de las figuras humanas, sus expresiones faciales y la disposición del paisaje invitan a la contemplación y a la introspección. Se percibe una tensión entre lo terrenal y lo divino, entre el dolor humano y la gracia celestial. El artista parece querer transmitir un mensaje sobre la importancia de la humildad, la penitencia y la entrega incondicional a Dios. La ciudad en la lejanía podría simbolizar tanto la esperanza como la fragilidad del mundo material frente a la trascendencia espiritual.