malevich the aviator 1914 Kazimir Malevich (1879-1935)
Kazimir Malevich – malevich the aviator 1914
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Pintor: Kazimir Malevich
Malevich fue un artista ruso de vanguardia cuyos cuadros siguen siendo descifrados hasta hoy. "El cuadrado negro", su cuadro más famoso, sigue siendo objeto de debate, ya que algunos lo consideran totalmente carente de sentido, otros ven en él un sutil simbolismo y una profecía del fin del arte. Así son todas sus obras, incluso las menos conocidas. Interpretarlos desde la posición de la razón es difícil y no siempre posible; por el contrario, el lenguaje de Malevich es el lenguaje de las asociaciones y los símbolos, difícil de entender si se intenta descifrar con palabras. El lenguaje de Malevich es una burla a la rigidez y la cerrazón del pensamiento creativo de la sociedad, que pone límites a todos, incluso a los artistas.
Descripción del cuadro El aviador de Kazimir Malevich
Malevich fue un artista ruso de vanguardia cuyos cuadros siguen siendo descifrados hasta hoy. "El cuadrado negro", su cuadro más famoso, sigue siendo objeto de debate, ya que algunos lo consideran totalmente carente de sentido, otros ven en él un sutil simbolismo y una profecía del fin del arte. Así son todas sus obras, incluso las menos conocidas. Interpretarlos desde la posición de la razón es difícil y no siempre posible; por el contrario, el lenguaje de Malevich es el lenguaje de las asociaciones y los símbolos, difícil de entender si se intenta descifrar con palabras.
El lenguaje de Malevich es una burla a la rigidez y la cerrazón del pensamiento creativo de la sociedad, que pone límites a todos, incluso a los artistas. Malevich es un reformista, que se esfuerza por remodelar la percepción de la gente, por mostrarles que la belleza no depende en absoluto del sentido lógico y de su explicación desde el punto de vista de la razón.
"El aviador" es uno de sus cuadros enigma, que cada uno es libre de interpretar como quiera. Si se quiere, se puede relacionar con motivos e imágenes bíblicas; por el contrario, se puede ver en ella un ardiente comunismo. De hecho, es la imagen de un puzzle que parece no tener nada en común con su título.
El hombre que aparece en ella es arrancado de su mundo habitual, colocado en un mundo de formas planas, inscripciones fantasiosas que no tienen sentido, extrañas abstracciones. Parece un espectador que intenta comprender las ideas de Malevich, lleva un cilindro que emite luz, está atravesado por un pez blanco que brilla literalmente de blancura. Y está claro que no entiende dónde está.
Tiene un as de picas en la mano, su entorno es indescifrable y sin sentido. Parece volar en una nada brillante, como un piloto perdido entre el cielo y la tierra. Cada uno es libre de pensar en su propia explicación y asociarla con sus propias ideas, porque cada uno es libre de percibir cualquier imagen como quiera.
Si te fijas bien, El Aviador trata de la libertad.
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El fondo se articula con una complejidad similar, un entramado de superficies coloreadas que evocan tanto un paisaje urbano como una representación abstracta del espacio. Se distinguen fragmentos de texto en caracteres cirílicos, integrados de manera orgánica en la composición, lo cual sugiere una conexión con el contexto cultural y lingüístico de la obra. Estos signos no parecen tener una función narrativa directa, sino más bien contribuyen a la atmósfera general de modernidad y experimentación formal.
La paleta cromática es dominada por tonos fríos – azules, grises y blancos – contrastados con pinceladas de amarillo ocre y toques de rojo que aportan intensidad visual. La luz no proviene de una fuente discernible; se distribuye de manera uniforme sobre la superficie, acentuando las líneas angulares y los volúmenes fragmentados.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece explorar temas relacionados con la modernidad, el progreso tecnológico y la deshumanización inherente a la industrialización. La figura del aviador, aunque no explícitamente identificada como tal, podría interpretarse como un símbolo de la era moderna, representando tanto la promesa de la innovación como la alienación individual en un mundo cada vez más mecanizado. El gesto rígido y la mirada ausente sugieren una pérdida de conexión con el entorno y consigo mismo.
La fragmentación de la figura y del espacio no solo es un ejercicio formal, sino que también puede interpretarse como una metáfora de la disolución de las certezas tradicionales en el umbral del siglo XX. La obra invita a reflexionar sobre la naturaleza de la identidad, la percepción y la relación entre el individuo y la sociedad en un mundo en constante transformación. El uso de formas geométricas y la ausencia de perspectiva tradicional sugieren una ruptura con los cánones artísticos establecidos, anticipando las vanguardias que marcarían el devenir del arte moderno.