The dead Christ Andrea Mantegna (1431-1506)
Andrea Mantegna – The dead Christ
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Pintor: Andrea Mantegna
El pintor renacentista italiano Andrea Mantegna pintó lienzos originales que se diferenciaban de las obras clásicas tradicionales de la época por su dureza y rigidez. "El Cristo muerto", un cuadro luctuoso que representa el relato evangélico del duelo por Jesús crucificado, está pintado con sencillez y ligereza. Pero la perspectiva se transforma notablemente aquí. Y la forma en que se nos presenta al Hijo de Dios muerto es sorprendentemente diferente de las pinturas similares de otros artistas. Mantegna fue el primero en colocar el cuerpo de Cristo en el lienzo, tumbado de pie hacia el público.
Descripción de El Cristo muerto de Andrea Mantegna
El pintor renacentista italiano Andrea Mantegna pintó lienzos originales que se diferenciaban de las obras clásicas tradicionales de la época por su dureza y rigidez.
"El Cristo muerto", un cuadro luctuoso que representa el relato evangélico del duelo por Jesús crucificado, está pintado con sencillez y ligereza. Pero la perspectiva se transforma notablemente aquí. Y la forma en que se nos presenta al Hijo de Dios muerto es sorprendentemente diferente de las pinturas similares de otros artistas.
Mantegna fue el primero en colocar el cuerpo de Cristo en el lienzo, tumbado de pie hacia el público. Sus pies parecen desproporcionadamente pequeños en comparación con su cabeza. De este modo, el pintor presentaba la ley de la perspectiva no como una exigencia insensible y rígida, sino como una cantidad plástica al servicio de las ideas de una composición particular, y sujeta a los deseos del artista.
Mantegna quería destacar la cabeza del Salvador, por lo que la pintó más grande. La expresión del rostro de Jesús es el centro de la composición: parece que el rostro no está muerto, sino inmerso en un profundo sueño. La creencia en la resurrección se expresa de forma alegórica.
Los rostros sollozantes de Juan y María están pintados con mucha crudeza: están arrugados y encorvados por el dolor. Una tragedia increíblemente transmitida: al mirar el cuadro "Cristo muerto" se siente físicamente un nudo en la garganta y un dolor aplastante en el alma.
El artista prestó mucha atención al dibujo de los pliegues de la sábana blanca que cubre el cuerpo. La paleta de colores del cuadro destaca por su contenida austeridad. El cuerpo de Cristo está lleno de majestuosidad, y los estigmas en sus miembros tienen un aspecto aterradoramente realista. La atmósfera del cuadro es lúgubre, pero anticipa que pronto se producirá un milagro divino.
Los historiadores creen que el "Cristo muerto" de la galería de Milán es una de las muchas copias del autor, mientras que el original se ha perdido. Durante su vida, el artista atesoró su obra y la guardó en su casa.
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A la izquierda de la composición, una figura femenina, presumiblemente una mujer mayor, observa la escena con una expresión de profundo dolor y compasión. Sus ojos están enrojecidos, posiblemente por las lágrimas, y su mano se alza hacia su rostro en un gesto que sugiere desesperación o arrepentimiento. La iluminación incide sobre su cara, acentuando sus arrugas y transmitiendo una sensación de sufrimiento genuino.
La paleta cromática es predominantemente terrosa: ocres, marrones y grises dominan la escena, contribuyendo a crear una atmósfera sombría y melancólica. El uso limitado del color refuerza la idea de la muerte y el luto. La luz, aunque tenue, se concentra en las figuras principales, creando un contraste que las destaca sobre el fondo oscuro.
En cuanto a los subtextos, la pintura parece explorar temas como la mortalidad, el sufrimiento humano y la compasión. La figura femenina representa el duelo y la pérdida, mientras que el cuerpo yacente simboliza la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. La ausencia de elementos narrativos adicionales invita a la contemplación individual sobre estos conceptos universales. El detalle en los pies desnudos, con sus heridas visibles, podría aludir a una historia previa de sufrimiento o sacrificio, aunque esta interpretación queda abierta a la especulación. La composición general evoca un sentimiento de quietud y resignación, invitando al espectador a reflexionar sobre el significado de la existencia y la naturaleza del dolor.