Part 2 – Jacob van Hulsdonck (1582-1647) - Basket with flowers and fruits
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Las flores dominan visualmente: rosas de tonalidades rosadas y carmín se mezclan con otras especies menos identificables, pero igualmente exuberantes. La pincelada es detallista en la representación de las texturas pétalas, capturando su delicadeza y fragilidad. Los frutos – ciruelas, uvas, cerezas y membrillos – complementan el conjunto, aportando una variedad cromática que contrasta con los tonos rosados predominantes. Se observa un cuidado especial en la representación del brillo de las cerezas y la tersura de la piel de los membrillos.
La cesta misma, elaborada en mimbre, se presenta como un contenedor humilde para la opulencia que alberga. Su textura rugosa contrasta con la suavidad de las flores y la pulcritud de la fruta. Las hojas y ramas que desbordan la cesta contribuyen a una sensación de vitalidad desbordante, casi salvaje, que se contiene artificialmente dentro del recipiente.
El fondo oscuro, prácticamente uniforme, actúa como un telón neutro que realza los colores y las formas de los objetos en primer plano. La iluminación es clara y dirigida, creando sombras sutiles que modelan los volúmenes y acentúan la sensación de tridimensionalidad.
Más allá de una simple representación botánica, esta pintura podría interpretarse como una alegoría sobre la fugacidad del tiempo y la belleza efímera. La abundancia de frutos maduros sugiere la plenitud, pero también anticipa su inevitable deterioro. Las flores, símbolo tradicional de la belleza y el amor, se presentan en su máximo esplendor, conscientes de su propia transitoriedad. La cesta, como recipiente de esta riqueza, podría simbolizar la vida misma: un espacio limitado que contiene una abundancia de experiencias, tanto placenteras como dolorosas, todas destinadas a desaparecer con el paso del tiempo. La disposición aparentemente casual de los elementos sugiere una reflexión sobre la naturaleza cíclica de la existencia y la importancia de apreciar el presente.