Bernardino Luini – Game of Tag (fresco from the Villa Pelucca at Sesto San Giovanni)
Ubicación: Pinacoteca di Brera, Milano.
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La figura central, recostada en el suelo, exhibe una postura de abatimiento extremo. Su rostro está oculto parcialmente por sus manos, gesto que denota angustia o desesperación. La vestimenta, de tonalidades lavanda y blanco, contrasta con los colores más vivos de las figuras adyacentes.
A su izquierda, una mujer se inclina hacia él, extendiendo una mano en un aparente intento de consuelo. Su atuendo, de un rojo intenso, atrae la atención y sugiere una vitalidad que parece ausente en el personaje prostrado. La expresión de su rostro es difícil de interpretar; podría ser compasión, preocupación o incluso una mezcla compleja de emociones.
A la derecha del hombre recostado, otra figura femenina se encuentra de pie. Su vestimenta, de un amarillo dorado, le confiere una presencia imponente y sugiere una posición de autoridad o superioridad moral. En sus manos sostiene un pequeño objeto oscuro, cuya función es indeterminada; podría ser una carta, un amuleto o incluso una herramienta para algún propósito desconocido. La mirada dirigida hacia el hombre en el suelo transmite una sensación de evaluación, quizás de juicio o comprensión.
La composición general sugiere una narrativa fragmentada, donde la acción se encuentra suspendida en un momento crucial. El paisaje, aunque aparentemente idílico, sirve como telón de fondo para esta escena de sufrimiento y posible conflicto. La luz, suave y difusa, contribuye a crear una atmósfera melancólica y contemplativa.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una alegoría del amor no correspondido, la pérdida o el arrepentimiento. El hombre recostado representa quizás la vulnerabilidad humana frente al dolor emocional, mientras que las figuras femeninas encarnan diferentes respuestas a esta situación: la compasión, la autoridad y la posible indiferencia. La presencia del objeto en manos de una de ellas introduce un elemento de misterio e incertidumbre, sugiriendo que el destino del hombre prostrado está ligado a fuerzas externas o a decisiones ajenas a su voluntad. El juego de colores y la disposición de las figuras contribuyen a generar una tensión dramática que invita al espectador a reflexionar sobre la complejidad de las relaciones humanas y la naturaleza efímera de la felicidad.