Antique world maps HQ – Nicolas-Antoine Boulanger - Nouvelle mappemonde, 1753
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El hemisferio occidental muestra América, con sus costas detalladas y la presencia de nombres de lugares y regiones en una tipografía elegante. El hemisferio oriental exhibe Eurasia y África, igualmente marcados con topónimos y características geográficas relevantes para la época. La precisión cartográfica es evidente, aunque se intuye que refleja el conocimiento geográfico disponible en ese momento histórico, posiblemente con algunas imprecisiones o interpretaciones subjetivas de los exploradores.
En el centro, un elaborado cartucho central sirve como punto focal visual. Este elemento decorativo no solo añade belleza a la composición, sino que también contiene información adicional sobre el autor y la fecha de creación del mapa. Un retrato ovalado se inserta en este cartucho, presumiblemente representando al cartógrafo o a una figura importante relacionada con la obra.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos sepia, beige y marrón, típicos de las técnicas de grabado de la época. La textura del papel, visible a través de los bordes desgastados y las manchas sutiles, sugiere su antigüedad y el paso del tiempo.
Más allá de su función puramente geográfica, esta representación cartográfica revela subtextos relacionados con la expansión europea y la exploración del mundo. La forma en que se representan los continentes, la elección de nombres y la inclusión de detalles específicos sugieren una perspectiva eurocéntrica, donde el conocimiento y la comprensión del mundo están filtrados a través de la lente de la cultura occidental. El mapa funciona como un documento histórico que refleja las ambiciones imperiales, los intereses comerciales y la mentalidad científica de su tiempo. La meticulosidad con que se ha elaborado sugiere una aspiración a la precisión y al dominio del conocimiento geográfico, pero también revela las limitaciones inherentes a la comprensión del mundo en el siglo XVIII.