Arkady Rylov – Mountains at Cape Kekeneiz under the Crimean sun
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El primer plano está ocupado por formaciones rocosas de tonalidades blanquecinas, modeladas con pinceladas gruesas y expresivas que sugieren su rugosidad y volumen. Estas rocas se proyectan hacia el espectador, creando una sensación de inmediatez y casi palpable solidez. La luz solar incide sobre ellas, revelando matices ocres y rosados que acentúan su plasticidad.
En segundo plano, un valle extenso se extiende bajo las montañas, cubierto por una vegetación densa y variada. Los tonos dorados y amarillos predominan en esta zona, transmitiendo la calidez del sol de Crimea. La representación de los árboles es esquemática, más que detallista, contribuyendo a la sensación general de amplitud y lejanía.
Las montañas, situadas al fondo, se elevan con una severa elegancia. Su silueta es marcada por picos agudos y laderas abruptas, delineados contra el cielo azul celeste salpicado de nubes blancas. La atmósfera parece vibrar con calor, difuminando ligeramente los contornos más distantes.
El uso del color es fundamental en esta obra. La paleta se centra en tonos cálidos – amarillos, ocres, dorados – que evocan la luz intensa y el clima mediterráneo. El contraste entre estos colores cálidos y el azul frío del cielo crea una tensión visual que dinamiza la composición.
Más allá de la mera descripción del paisaje, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la fuerza de la naturaleza y la insignificancia del ser humano ante su grandeza. La monumentalidad de las montañas, la vastedad del valle, la intensidad de la luz… todo contribuye a crear un ambiente de reverencia y asombro. La ausencia de figuras humanas refuerza esta sensación de aislamiento y contemplación. Se intuye una búsqueda de lo esencial, una voluntad de capturar la esencia misma del lugar, más que su apariencia superficial. La pincelada libre y expresiva sugiere una conexión íntima entre el artista y el paisaje, un intento de traducir en imágenes sus emociones y sensaciones.