Chinese artists of the Middle Ages (王鉴 - 青绿山水图) – Wang Jian
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Las montañas, representadas con contornos suaves y voluminosos, ocupan la mayor parte del espacio pictórico. Su tratamiento no busca la precisión topográfica, sino más bien evocar una sensación de grandiosidad y misterio. Se aprecia una meticulosa atención al detalle en la representación de las rocas, donde se distinguen capas de diferentes tonalidades que simulan su estructura geológica. La técnica utilizada permite apreciar la textura rugosa de la piedra, contrastando con la suavidad de los verdes que cubren sus laderas.
En el primer plano, una densa vegetación, compuesta principalmente por pinos y otras especies arbóreas, se extiende a lo largo del río. Estos árboles están representados con pinceladas rápidas y expresivas, que sugieren movimiento y vitalidad. La disposición de la flora no es aleatoria; parece dirigir la mirada del espectador hacia puntos específicos del paisaje, creando una sensación de profundidad y perspectiva.
En el fondo, se vislumbra un complejo arquitectónico, posiblemente un templo o residencia, integrado armoniosamente en el entorno natural. Su presencia introduce una nota de humanidad en este espacio predominantemente salvaje, insinuando una relación entre la civilización y la naturaleza. La escala reducida del edificio en comparación con las montañas subraya la insignificancia del hombre frente a la inmensidad del universo.
La atmósfera general es de serenidad y contemplación. El uso de colores vibrantes y la composición equilibrada transmiten una sensación de armonía y paz interior. Se intuye un mensaje sobre la importancia de la conexión con la naturaleza, el respeto por el entorno y la búsqueda de la tranquilidad en medio del caos. La ausencia de figuras humanas refuerza esta idea de introspección y meditación. El paisaje se convierte así en un espejo que refleja el estado anímico del observador, invitándolo a la reflexión y al disfrute de la belleza natural.