Correggio – Madonna With St Francis
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En esta composición pictórica, se observa una escena de marcada solemnidad y devoción religiosa. Una figura femenina central, presumiblemente la Virgen María, sostiene en su regazo a un niño pequeño, probablemente Jesús. La mujer irradia serenidad y nobleza, con una expresión contemplativa que sugiere tanto maternidad como divinidad. Su vestimenta, rica en detalles y de tonalidades profundas, acentúa su estatus elevado.
La Virgen se sitúa sobre una estructura arquitectónica escalonada, un pedestal que la eleva visualmente por encima de los demás personajes presentes. Esta elevación refuerza su posición de intercesora entre el cielo y la tierra. Sobre ella, una aureola luminosa se difunde en forma de nubes, desde las cuales descienden varios querubines, añadiendo un elemento celestial a la escena.
A los pies del pedestal, se agrupan tres figuras masculinas que parecen venerar a la Virgen y al Niño. A la izquierda, un hombre con hábito religioso, posiblemente un santo o figura religiosa importante, inclina su cabeza en señal de reverencia, sosteniendo lo que parece ser una especie de cáliz o vaso sagrado. A su lado, otro personaje, vestido con ropas más modestas, se une a la veneración. A la derecha, un hombre con barba y vestimenta sencilla, portando un objeto alargado que podría ser un bastón o una vara, observa la escena con respeto.
En el frente del pedestal, incrustada en una estructura ovalada, se aprecia una pequeña representación de la Virgen María con el Niño, creando una imagen dentro de la imagen, una suerte de mise-en-abyme que enfatiza la importancia de la figura central y su legado. Dos pequeños querubines sostienen esta representación.
La composición está enmarcada por dos columnas clásicas, que sugieren un espacio arquitectónico monumental y refuerzan la sensación de solemnidad. La iluminación es suave y difusa, con una clara focalización en las figuras principales, creando un contraste entre la luz divina y la oscuridad del fondo.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de fe, devoción, maternidad divina y la mediación religiosa. El gesto de reverencia de los personajes sugiere una búsqueda de gracia o intercesión. La presencia de los querubines refuerza el carácter celestial de la escena, mientras que la estructura arquitectónica simboliza la conexión entre lo terrenal y lo divino. La pequeña representación incrustada podría interpretarse como un símbolo de la perpetuación de la fe a través de generaciones. En general, se trata de una obra destinada a inspirar devoción y contemplación religiosa.