Unknown painters – Erik XIV (1533-1577), king of Sweden
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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El autor ha vestido al retratado con un elaborado tocado, posiblemente una corona, adornado con pequeñas gemas o perlas que reflejan la luz. Alrededor del cuello se aprecia una capa de pieles, probablemente marta o zorro, símbolo inequívoco de poder y riqueza. La textura de las pieles, representada con pinceladas rápidas y expresivas, añade un elemento táctil a la obra, contrastando con la superficie más lisa de la cara.
El fondo oscuro, casi negro, concentra la atención en el sujeto principal, eliminando cualquier distracción ambiental. Esta ausencia de contexto sugiere una intención de enfatizar la individualidad y la importancia del retratado. La paleta cromática es limitada, dominada por tonos oscuros y terrosos que refuerzan la atmósfera solemne y austera.
Más allá de la representación literal, el retrato transmite una sensación de peso y responsabilidad. La expresión facial del hombre no es de alegría o satisfacción, sino más bien de preocupación o incluso sufrimiento. Se intuye un gobernante cargado con las presiones del poder, quizás atormentado por decisiones difíciles o conflictos internos. La rigidez en la pose y la falta de una sonrisa sugieren una personalidad reservada y posiblemente autoritaria. La opulencia del atuendo contrasta sutilmente con la tristeza que se percibe en el rostro, insinuando quizá una crítica implícita a los costos del poder y las limitaciones impuestas por la posición social. En definitiva, el retrato busca no solo documentar la apariencia física de un individuo, sino también revelar algo sobre su carácter y su destino.