Unknown painters – Danaë and the Shower of Gold
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Un torrente de monedas de oro cae sobre ella desde lo alto, inundando la cama y extendiéndose por el suelo. Esta lluvia dorada no solo aporta un elemento de riqueza material desbordante, sino que también introduce una dimensión simbólica compleja. El oro, tradicionalmente asociado con la divinidad, el poder y la fortuna, aquí se presenta como algo incontrolable, casi invasivo, que perturba la quietud del espacio íntimo.
En primer plano, sobre una pequeña mesa de madera, se aprecia un cofre abierto repleto de joyas, reforzando aún más la atmósfera de abundancia y lujo. La disposición de los objetos sugiere una cierta decadencia o desorden controlado; el oro no es recibido con júbilo, sino que parece acumularse sin propósito aparente.
La composición general está marcada por un fuerte contraste entre las zonas iluminadas y las áreas sumidas en la penumbra. Esta técnica acentúa la figura femenina y enfatiza la atmósfera de misterio y sensualidad que impregna la escena. El uso del color es igualmente significativo: los tonos cálidos de la piel contrastan con el fondo oscuro, creando una sensación de profundidad y dramatismo.
Subyacentemente, la pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del deseo, la fortuna y la vulnerabilidad humana. La figura femenina parece ser a la vez objeto de un regalo divino y víctima de su propia belleza o destino. La abundancia material no trae consigo necesariamente felicidad o satisfacción; más bien, sugiere una sensación de aislamiento y posible opresión. El torrente de oro podría interpretarse como una metáfora de las consecuencias imprevistas del poder y la riqueza, o como una representación visual de la fragilidad inherente a la belleza y el placer efímero. La escena evoca una reflexión sobre la relación entre lo terrenal y lo divino, y sobre los límites de la experiencia humana frente a fuerzas superiores e incontrolables.