Unknown painters – The return of the prodigal son
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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En primer plano, un hombre joven, vestido con ropas desgastadas y sucias, inclina su cuerpo en una actitud de sumisión y arrepentimiento ante un anciano de barba blanca y vestimenta rica. La postura del joven es de absoluta humildad; sus manos se extienden hacia el padre, buscando perdón o aceptación. El anciano, a su vez, lo abraza con ternura, su rostro iluminado por una expresión de compasión y amor incondicional. La luz incide sobre las figuras principales, resaltando la emotividad del momento y creando un contraste visual con la penumbra que rodea al joven.
El paisaje a la izquierda sugiere el camino recorrido por el hijo pródigo: un terreno accidentado, poblado de animales salvajes y dominado por una atmósfera brumosa. Esta parte del cuadro transmite una sensación de soledad, desolación y arrepentimiento. En contraste, el lado derecho muestra una construcción arquitectónica con una balcón desde donde músicos tocan instrumentos, indicando la celebración que se prepara para la vuelta del hijo. La presencia de estas figuras musicales sugiere un retorno a la alegría y al bienestar perdido.
La paleta cromática es rica en tonos terrosos y dorados, acentuados por el azul del cielo distante. El uso de la luz es fundamental para crear una atmósfera emotiva y resaltar los detalles importantes de la escena. La técnica pictórica denota un dominio del claroscuro, que contribuye a la profundidad y al dramatismo de la composición.
Subyace en esta representación una reflexión sobre el perdón, la redención y el amor incondicional. El contraste entre la pobreza y la riqueza, la soledad y la aceptación, el arrepentimiento y la compasión, son elementos clave que enriquecen la narrativa visual. La escena evoca un sentimiento de esperanza y reconciliación, sugiriendo que incluso después de los errores y las desilusiones, siempre existe la posibilidad de un nuevo comienzo. La disposición del paisaje también puede interpretarse como una metáfora del viaje personal: el camino arduo hacia el arrepentimiento y la posterior reintegración a la comunidad.