Giovanni Paolo Panini – Roman Capriccio
Ubicación: Museum of Arts, Indianapolis.
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Aquí se presenta una composición arquitectónica de carácter imaginario, un capriccio romano que despliega una visión idealizada y fragmentada del pasado imperial. El autor ha dispuesto un conjunto de ruinas monumentales con una aparente espontaneidad, aunque la disposición revela una cuidadosa planificación para generar una sensación de grandiosidad y misterio.
En primer plano, se observa una acumulación de escombros y figuras humanas que interactúan con el entorno. Estas personas, vestidas con ropajes que sugieren un contexto contemporáneo al del artista, parecen explorar las ruinas o realizar labores de excavación, introduciendo una dimensión narrativa que contrasta con la monumentalidad pétrea. La presencia humana, aunque pequeña en comparación con los edificios, es crucial para establecer una escala y sugerir el paso del tiempo y la interacción entre el presente y un pasado glorioso pero decadente.
El centro de la composición está dominado por un edificio circular con cúpula, flanqueado por columnas clásicas que evocan tanto el Panteón como otros templos romanos. Junto a él se alza un obelisco, elemento egipcio frecuentemente incorporado en la iconografía romana para simbolizar poder y conquista. La figura ecuestre sobre un pedestal añade una nota de solemnidad y autoridad, aunque su identidad permanece ambigua, contribuyendo a la naturaleza fantástica del escenario.
A lo largo de la escena se extienden otras estructuras arquitectónicas: fragmentos de columnas corintias, arcos de medio punto que sugieren anfiteatros o termas, y una estructura semicircular con nichos que albergan esculturas. La luz, difusa y dorada, baña las ruinas, acentuando su textura y creando un ambiente melancólico y nostálgico.
El autor no busca una representación literal de un lugar específico; más bien, construye un paisaje mental, una evocación del poderío romano a través de la yuxtaposición de elementos arquitectónicos diversos. La combinación de ruinas romanas con elementos egipcios sugiere una reflexión sobre el ciclo de las civilizaciones, la transitoriedad del poder y la fascinación por lo antiguo. La atmósfera general invita a la contemplación y al ensueño, transportando al espectador a un mundo de fantasía histórica donde el pasado resuena en el presente. La pintura funciona como una meditación sobre la memoria, la historia y la belleza efímera.