Part 2 Prado Museum – Román, Bartolomé -- San Pedro Celestino, papa
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Aquí se observa una representación de un hombre ataviado con hábitos religiosos oscuros, posiblemente dominicos, que ocupa la mayor parte del espacio pictórico. Su rostro, marcado por la edad y la severidad, presenta una barba blanca abundante y unos ojos penetrantes que miran directamente al espectador. Las manos están extendidas en un gesto que sugiere súplica o contemplación, con una palma abierta hacia arriba y otra ligeramente flexionada.
El hombre se encuentra de pie frente a una mesa tosca sobre la cual descansan varios objetos simbólicos: un libro abierto, un cráneo humano y una pequeña cruz. A sus pies, parcialmente oculto por el hábito, se distingue un objeto que recuerda a una corona papal, pero con evidentes signos de deterioro o abandono.
La iluminación es contrastada; resalta el rostro del hombre y los objetos sobre la mesa, mientras que el fondo permanece sumido en una penumbra oscura, acentuando la sensación de introspección y aislamiento. La composición vertical enfatiza la figura central, elevándola visualmente y sugiriendo su importancia espiritual.
La presencia del cráneo es un memento mori, recordatorio de la fugacidad de la vida terrenal y la inevitabilidad de la muerte. El libro abierto podría simbolizar el conocimiento divino o la palabra escrita, mientras que la cruz representa la redención a través del sacrificio de Cristo. La corona papal, en su estado deteriorado, apunta a una crítica implícita al poder temporal y a la vanidad de las ambiciones mundanas. El gesto de las manos, con la palma abierta, podría interpretarse como un ofrecimiento o una aceptación humilde del destino.
En conjunto, la pintura transmite un mensaje de humildad, penitencia y renuncia a los bienes terrenales en favor de una vida espiritual dedicada a la fe. La atmósfera general es de recogimiento y reflexión, invitando al espectador a considerar su propia mortalidad y el significado último de la existencia. El autor parece querer enfatizar la importancia de la virtud y la devoción sobre las aspiraciones mundanas, sugiriendo que la verdadera grandeza reside en la entrega a Dios.