Apollo and Daphne Nicolas Poussin (1594-1665)
Nicolas Poussin – Apollo and Daphne
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Pintor: Nicolas Poussin
Ubicación: Louvre (Musée du Louvre), Paris.
Conservada en el Louvre, Apolo y Dafne, que permanece inacabada, es la última obra del pintor Nicolas Poussin y puede considerarse, con razón, una forma de pacto, un reflejo de la vida personal del artista. El artista elige un momento concreto del mito relatado por Ovidio, en el que Cupido demuestra su fuerza al apuntar a Dafne con la primera flecha roma cargada de plomo. Fue la lectura de Ovidio y de otros autores antiguos lo que proporcionó a Poussin el material para esta composición final.
Descripción del cuadro Apolo y Dafne de Nicola Poussin
Conservada en el Louvre, Apolo y Dafne, que permanece inacabada, es la última obra del pintor Nicolas Poussin y puede considerarse, con razón, una forma de pacto, un reflejo de la vida personal del artista.
El artista elige un momento concreto del mito relatado por Ovidio, en el que Cupido demuestra su fuerza al apuntar a Dafne con la primera flecha roma cargada de plomo.
Fue la lectura de Ovidio y de otros autores antiguos lo que proporcionó a Poussin el material para esta composición final. Apolo, dios de la fertilidad y la vida, está sentado a la izquierda; está enamorado de Dafne, que se ve en el extremo derecho, sosteniendo a su padre, el río Pene, con sus brazos. Este amor fracasará, pues cuando Apolo quiera reunirse con Dafne tras una larga persecución, ésta se convertirá en un laurel.
El cuadro reproduce la discusión de Apolo con Cupido sobre quién es el mejor arquero. Apolo se sienta y ya está aturdido por el amor de Dafne frente a él. Entre ellos y él yacen ninfas desnudas al borde del agua, una de ellas escurriendo su pelo mojado.
Apolo acaba de matar a Pitón y está observando lo que sucede. Dafne está a punto de ser alcanzada por una contundente y pesada flecha que hará que quiera huir del dios del sol y evitar que se enamore de él. Apolo, sin embargo, espera atravesar con una fina flecha con punta de oro que lo convertirá en el amante de la chica.
Mercurio, el hermano menor de Apolo, se acerca a éste para robarle una flecha de su carcaj. Y en el reverso se representa el rebaño de Apolo, custodiado por dos perros, que también serán robados por Mercurio.
El gesto de Mercurio no sólo tiene un significado mitológico, sino también astronómico. Después de todo, este planeta es el más cercano al sol y roba constantemente sus rayos.
Apolo mira a las ninfas, pero no corre tras Dafne. En efecto, al no ser el objetivo de Cupido, no puede en este momento de la historia distraerse hasta el punto de no darse cuenta de lo que ocurre en su lado, y sin embargo Poussin también lo representa.
En el momento de la realización de esta obra, Poussin, tras haber perdido a su esposa a causa de una larga enfermedad, piensa ya en redactar un testamento, que revisará poco antes de su muerte. Por lo tanto, a la composición le faltan las últimas pinceladas debido a la impotencia y al temblor de las manos del artista antes de su muerte. El artista legó la obra poco antes de su muerte al cardenal Camille Massini, al darse cuenta de que no podría completarla.
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En el centro, destaca una figura masculina, visiblemente agitada y extendida hacia otra femenina que se transforma. La metamorfosis es el punto focal: la joven parece escapar, sus extremidades convirtiéndose gradualmente en ramas y su cabello en hojas, mientras que los pies se arraigan al suelo como raíces de árbol. El gesto desesperado del hombre, con una mano tendida hacia ella, transmite un anhelo frustrado y una angustia palpable.
A lo largo de la escena, varias figuras secundarias observan el evento desde diferentes posiciones. Algunas parecen testigos pasivos, sentadas o reclinadas en un terreno elevado, mientras que otras participan activamente en la acción, mostrando sorpresa, compasión o incluso diversión. Esta multitud contribuye a la sensación de teatralidad y amplifica la importancia del momento central.
La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de tonos verdes y dorados que evocan la naturaleza y el esplendor divino. La luz, aunque difusa, ilumina selectivamente las figuras principales, acentuando su dramatismo y creando un contraste entre la claridad de los cuerpos humanos y la penumbra del bosque circundante.
Más allá de la representación literal de la transformación, la pintura sugiere una reflexión sobre temas como el deseo insatisfecho, la pérdida, la fugacidad de la belleza y la imposibilidad de alcanzar aquello que se anhela. La metamorfosis de la joven puede interpretarse como una alegoría del rechazo amoroso y la resistencia a la dominación masculina. El paisaje, con su exuberante vegetación, funciona tanto como escenario para el drama como símbolo de la fuerza inmutable de la naturaleza frente a las pasiones humanas. La presencia de los dioses, implícita en la narrativa mitológica, añade una dimensión trascendental a la escena, sugiriendo que los destinos humanos están sujetos a fuerzas superiores e incontrolables. La composición general transmite una sensación de movimiento y tensión, invitando al espectador a contemplar las complejidades del amor, el deseo y la transformación.