Francois Clouet – Jacqueline de Rohan (1520-1586) Duchesse de Longueville
Ubicación: Fine Art Museum (Musée des Beaux Arts), Rouen.
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La iluminación es suave y uniforme, resaltando la palidez característica de los retratos de la época, un signo de refinamiento y nobleza. La piel se presenta tersa y sin imperfecciones, idealizada para transmitir una imagen de pureza y virtud. Los ojos, ligeramente velados, sugieren introspección o quizás una melancolía contenida, común en las representaciones femeninas de la época.
La vestimenta es compleja y elaborada. Se observa un cuello alto con encajes intrincados que rodean el rostro, creando un marco visual que acentúa sus facciones. El velo negro, adornado con una fina línea blanca, cubre parcialmente su cabello, añadiendo un elemento de misterio y solemnidad a la imagen. La rigidez en la postura y la ausencia de cualquier accesorio o entorno sugieren una intención de mostrarla como un símbolo de nobleza y devoción.
El fondo oscuro, casi monocromático, contribuye a aislar a la retratada, concentrando toda la atención sobre su figura. Las letras inscritas a los lados, aunque parcialmente ocultas por el borde del soporte, indican su nombre e identidad: Jacqueline de Rohan y Duchesse de Longueville. Esta inscripción refuerza la función documental del retrato, destinada a preservar su memoria y estatus social para las generaciones futuras.
Subtextualmente, la pintura transmite una imagen de poder femenino contenido dentro de los límites impuestos por la sociedad de la época. La severidad en el atuendo y la expresión facial sugieren una mujer consciente de sus responsabilidades y obligaciones sociales. El retrato no busca mostrar individualidad o espontaneidad, sino más bien proyectar una imagen idealizada de nobleza, virtud y devoción religiosa, valores fundamentales para la élite social del siglo XVI. La palidez y la mirada introspectiva podrían interpretarse como un reflejo de las restricciones impuestas a las mujeres en ese período histórico.