Francois Clouet – Portrait of Henri II (1519-59) King of France
Ubicación: Conde Museum (Musée Condé), Chantilly.
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La indumentaria es sumamente elaborada y ostentosa. Se distingue un gorro oscuro adornado con un plumaje sutil, sobre una cabeza cubierta por un turbante o capelo similar. El cuello está cubierto por una camisa blanca de encaje fino, visible bajo un jubón ricamente bordado con motivos heráldicos que sugieren su rango y poder. Un collar de perlas, símbolo de riqueza y estatus, descansa sobre el pecho. Los puños de las mangas están igualmente adornados con intrincados diseños. La tela del jubón presenta una caída pesada y teatral, acentuando la figura y contribuyendo a la sensación de opulencia. Los pantalones cortos, de un tejido blanco y brillante, revelan parte de sus piernas, cubiertas por unas medias finas que se integran con el tono de su piel. Sus pies están protegidos por unos zapatos de cuero sencillo.
El fondo es oscuro y difuso, aunque se intuyen cortinas o telas colgantes que sugieren un espacio interior palaciego. A la derecha, una figura borrosa, posiblemente un sirviente o cortesano, permanece en segundo plano, apenas perceptible, reforzando la idea del poder y la corte.
El suelo está cubierto por un tapiz de diseño geométrico complejo, con predominio de tonos rojos y negros. La alfombra no solo aporta color al conjunto, sino que también contribuye a la sensación de riqueza y refinamiento. Su patrón intrincado contrasta con la solidez y formalidad del personaje retratado.
En cuanto a los subtextos, el retrato parece estar diseñado para proyectar una imagen de autoridad, poderío y legitimidad. La meticulosa atención al detalle en la representación de las vestimentas y accesorios enfatiza la riqueza y el estatus social del retratado. La pose frontal y la mirada directa buscan establecer un vínculo con el espectador, aunque esta conexión se ve atenuada por la frialdad y la distancia que emanan de su expresión. La presencia de la figura borrosa en segundo plano sugiere una jerarquía clara: el monarca está solo, pero rodeado de su corte, símbolo de su dominio absoluto. La composición general, con su énfasis en la simetría y la formalidad, refuerza la impresión de un gobernante que se presenta como un modelo de orden y estabilidad. La palidez de la piel del retratado, contrastada con los colores ricos de sus ropas y el tapiz, podría interpretarse como una referencia a la pureza o a la divinidad, atributos deseables para un monarca en esa época.