Part 6 National Gallery UK – Willem Duyster - Two Men playing Tric-trac, with a Woman scoring
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La iluminación es crucial para la atmósfera general. Una luz tenue y dirigida ilumina el grupo central, creando fuertes contrastes de claroscuro que acentúan las texturas de los ropajes y los rostros. Esta técnica no solo dota a la escena de una sensación de realismo, sino que también sugiere un ambiente cargado de misterio e introspección. La oscuridad que envuelve el resto del espacio contribuye a esta impresión, relegando lo que se encuentra fuera del juego central a la penumbra.
La mujer, sentada en primer plano y vestida con una elaborada indumentaria, es quizás la figura más intrigante. Su expresión es seria, casi severa, mientras registra los puntos del juego. La atención que presta al registro sugiere un rol activo dentro de la dinámica social representada; no se limita a ser una espectadora pasiva, sino que participa en el control y la gestión del juego. Su posición estratégica frente a la mesa la convierte en un punto focal visual y simbólico.
Los hombres, por su parte, muestran diferentes actitudes. Uno parece concentrado en sus movimientos, mientras que el otro inclina la cabeza como si meditara una jugada. Sus gestos sugieren una mezcla de tensión y expectación, características inherentes a cualquier juego de azar. La vestimenta de ambos, con sombreros adornados y ropas ricamente texturizadas, indica su pertenencia a una clase social acomodada.
El niño, ajeno al juego y a la tensión que lo acompaña, introduce un elemento de ligereza e inocencia en la escena. Su música, aparentemente despreocupada, contrasta con el ambiente concentrado del resto de los personajes. Podría interpretarse como una representación de la juventud o como una crítica implícita a la seriedad excesiva del mundo adulto.
El juego de mesa en sí mismo es un símbolo importante. El tric-trac, popular en la época, era considerado un juego de azar que podía llevar tanto a la fortuna como a la ruina. Por lo tanto, la escena podría interpretarse como una alegoría sobre los riesgos y las recompensas de la vida, o como una reflexión sobre la naturaleza humana y su propensión al juego y la especulación.
Finalmente, el detalle del suelo cubierto de dados dispersos refuerza la idea de un juego en curso y añade una nota de informalidad a la escena. La disposición general de los elementos sugiere una observación minuciosa de las costumbres sociales y psicológicas de la época, invitando al espectador a reflexionar sobre las complejidades de las relaciones humanas y el significado del ocio en la vida burguesa.