Lilyanne Huguet-David – Huguet-DavidLilyanne Passage 2000 - Les saisons-We
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En el panel izquierdo, destaca una floración monumental, de tonalidades rosadas y ocres, que ocupa gran parte del espacio. Una figura femenina, vestida con un manto blanco que se diluye en la penumbra, parece sostener o interactuar con esta flor, su rostro parcialmente oculto, lo que contribuye a una sensación de enigma. A su lado, una criatura alada, posiblemente un ave fénix estilizada, observa desde una rama, irradiando un aura de simbolismo asociado a la renovación y el renacimiento. En primer plano, se aprecia una mariposa posada sobre hojas verdes, añadiendo un elemento de delicadeza y transformación.
El panel derecho presenta una escena igualmente peculiar. Una figura antropomorfa con rasgos distintivos –un rostro pálido y una vestimenta blanca similar a la del panel anterior– toca un instrumento musical que recuerda a un oboe o flauta traversa. La música parece emanar de él, extendiéndose hacia una tela roja suspendida en el aire, sobre la cual se posan hojas otoñales y una estrella brillante. Otra figura femenina, igualmente vestida de blanco, se encuentra al lado de esta criatura musical, su postura sugerente de contemplación o participación en la escena. La presencia de un león estilizado, con una expresión serena, refuerza el carácter simbólico del panel.
El uso de la luz es significativo: un orbe luminoso, situado entre los dos paneles, actúa como punto focal y fuente de iluminación indirecta, creando sombras que intensifican la atmósfera de misterio. La paleta cromática, aunque limitada a tonos oscuros y contrastes fuertes, resulta efectiva para generar una sensación de irrealidad y simbolismo.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con el paso del tiempo, las estaciones, la música como fuerza transformadora y la conexión entre el mundo humano y el natural. Las figuras vestidas de blanco podrían representar espíritus o entidades etéreas, mientras que los animales simbolizan aspectos específicos de la naturaleza y su ciclo vital. La división en dos paneles sugiere una dualidad, un equilibrio entre fuerzas opuestas o complementarias. El conjunto invita a la reflexión sobre la fragilidad de la existencia, la belleza efímera del mundo natural y el poder trascendental de la música y el arte. La composición, con sus elementos fantásticos y su atmósfera onírica, parece aspirar a evocar un estado emocional más que narrativo, dejando al espectador la tarea de interpretar los significados ocultos en esta singular visión.