Kliun – 2nd interior 1925-32
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El fondo está estructurado por bloques de color que delimitan áreas sin una clara relación entre ellas. Predominan tonos verdosos, azules y ocres, con contrastes marcados que intensifican la sensación de dislocación. Una ventana o abertura rectangular se sugiere en el extremo superior, pero su función es más decorativa que funcional; no aporta luz natural ni perspectiva realista.
En primer plano, una serie de objetos domésticos son presentados como elementos autónomos. Un recipiente metálico, posiblemente una olla o un plato hondo, domina la escena central, reflejando fragmentos del entorno circundante. A su lado, se distingue un objeto alargado y cilíndrico que recuerda a un embudo o un instrumento de laboratorio, introduciendo una nota de extrañeza e indeterminación en el conjunto.
El suelo está cubierto por baldosas dispuestas en un patrón geométrico de cuadrados alternados en tonos marrones y dorados. Esta repetición crea una sensación de ritmo visual, pero también contribuye a la fragmentación general del espacio. En la esquina inferior izquierda, se vislumbra parte de un objeto circular, posiblemente un plato o una tapa, que se integra parcialmente con el suelo.
La composición carece de una narrativa evidente. No hay figuras humanas presentes, y los objetos parecen flotar en un vacío espacial. La ausencia de sombras definidas y la simplificación de las formas contribuyen a esta sensación de irrealidad.
Subyacentemente, la obra parece explorar la naturaleza fragmentada de la experiencia moderna. La descontextualización de los objetos cotidianos sugiere una pérdida de significado o función en un mundo cada vez más industrializado y mecanizado. La ruptura con la perspectiva tradicional y la simplificación formal pueden interpretarse como una crítica a las convenciones artísticas del pasado, buscando nuevas formas de representar la realidad subjetiva. La disposición aparentemente aleatoria de los elementos podría aludir a la sensación de caos y desorientación que caracteriza la vida contemporánea. El uso deliberado de colores planos y contrastantes refuerza esta impresión de artificialidad y distanciamiento emocional.