Sir Henry William Beechey – Portrait of Frances Elizabeth Addington (1788-1828)
Ubicación: Private Collection
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La composición se centra en el rostro de la retratada, quien mira al espectador con una expresión ambigua: no es ni abiertamente amable ni distante; más bien, denota una sutil melancolía o introspección. Su cabello, peinado con un estilo que combina elementos naturales y artificiales – rizos sueltos alrededor del rostro enmarcado por una diadema–, sugiere una elegancia contenida, propia de la alta sociedad de la época.
El vestuario es característico del periodo: un vestido de corte imperio, con escote bajo realzado por un delicado encaje y mangas cortas abullonadas. Un collar de cuentas rojas, que repite el color del sillón, atrae la atención hacia su cuello y pecho, acentuando la suavidad de sus facciones. En su muñeca izquierda se aprecia una pulsera similar, reforzando esta sutil reiteración cromática.
El fondo es deliberadamente oscuro y difuso, con pinceladas que sugieren un paisaje brumoso a través de lo que parece ser una ventana o abertura. Esta atmósfera nebulosa contribuye a la sensación de misterio y aislamiento que emana del retrato. La luz incide principalmente sobre el rostro y el busto de la dama, creando un juego de claroscuros que modela sus rasgos y acentúa su presencia.
Más allá de la mera representación física, el retrato parece aludir a una cierta fragilidad o vulnerabilidad inherente a la condición femenina en ese contexto social. La pose relajada, pero ligeramente tensa, y la mirada introspectiva sugieren una complejidad emocional que trasciende la imagen superficial de una joven aristócrata. El uso del color rojo, aunque asociado con la nobleza y el poder, también puede interpretarse como un símbolo de pasión o incluso de sufrimiento contenido. En definitiva, se trata de una obra que invita a la reflexión sobre los roles sociales, las expectativas impuestas a la mujer y la búsqueda de identidad en una época de profundos cambios culturales.