Hendrick de Clerck – Banquet of the Gods
Ubicación: Prado, Madrid.
Navegación del álbum:

На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El autor ha dispuesto a los dioses en una disposición piramidal, con figuras masculinas más robustas y barbadas ocupando la parte superior, mientras que mujeres de belleza idealizada se extienden por el primer plano. Sus gestos sugieren indulgencia y alegría: algunos ofrecen frutas y vino, otros contemplan la escena con expresiones placenteras. La abundancia de alimentos en la mesa – uvas, higos, fruta exótica – simboliza la fertilidad y la prosperidad que caracterizan a este mundo divino.
En el primer plano, una multitud de niños y putti se retuerce y juega entre los pies de los dioses, añadiendo un elemento de despreocupación y vitalidad a la escena. Algunos sostienen pequeños recipientes con frutas o flores, mientras que otros simplemente parecen disfrutar del ambiente festivo. Esta presencia infantil podría interpretarse como una representación de la inocencia y el placer puro, contrastando quizás con las posibles implicaciones más complejas de los actos divinos.
En el fondo, se vislumbra un paisaje extenso, poblado por figuras en movimiento, posiblemente sirvientes o participantes adicionales en esta celebración. La perspectiva es deliberadamente difusa, sugiriendo la inmensidad del mundo que rodea a estos dioses y su separación de las preocupaciones mortales.
El uso del color es notable: los tonos cálidos dominan la escena, con predominio de dorados, rojos y verdes intensos que contribuyen a crear una atmósfera de riqueza y sensualidad. La técnica pictórica revela un dominio del claroscuro, acentuando el volumen de las figuras y añadiendo profundidad al espacio.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de poder, indulgencia y la naturaleza efímera del placer. La representación de los dioses como seres que se deleitan en una abundancia sin límites podría interpretarse como una crítica implícita a la vanidad humana o como una reflexión sobre la distancia entre el mundo divino y el sufrimiento terrenal. La presencia constante de niños, aunque aparentemente inocente, también puede sugerir una cierta ambigüedad moral: ¿son estos dioses ejemplos a seguir o figuras que se permiten excesos impensables para los mortales? La pintura invita a la contemplación sobre la naturaleza del poder, la belleza y el destino humano frente a las fuerzas divinas.