John Constable – Fire in London, Seen from Hampstead
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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El elemento central es, sin duda, el fuego. No se presenta como una llama controlada o incluso visible en su totalidad, sino más bien como una masa incandescente de color rojo carmín que envuelve gran parte del paisaje urbano. La intensidad cromática es impactante y contrasta fuertemente con la oscuridad circundante, creando un efecto visual casi apocalíptico. La luz rojiza se refleja en las nubes, tiñéndolas de tonalidades similares y extendiendo el alcance visual del desastre.
El autor ha empleado una pincelada suelta y expresiva, especialmente en la representación del cielo. Las nubes, densas y amenazantes, parecen presagiar un destino aún más sombrío. La presencia de la luna, apenas visible entre las sombras, aporta un toque de melancolía y quizás, una sutil esperanza.
La silueta de la ciudad es difícil de discernir con claridad; se intuyen edificios y estructuras, pero su individualidad se pierde en la oscuridad y el resplandor del fuego. Esta falta de detalle contribuye a la sensación de anonimato y despersonalización que impregna la obra. El primer plano oscuro, casi negro, actúa como una barrera entre el espectador y la escena, intensificando la distancia emocional.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de destrucción, pérdida y la fragilidad de la civilización frente a fuerzas incontrolables. El incendio no solo representa un evento catastrófico, sino que también puede interpretarse como una metáfora de la devastación personal o social. La oscuridad predominante sugiere el miedo, la incertidumbre y la amenaza latente. La elección del punto de vista – desde una distancia segura, observando el desastre con cierta frialdad– podría sugerir una reflexión sobre la indiferencia o la incapacidad humana para prevenir tragedias de esta magnitud. El uso limitado de color, centrado en tonos oscuros y rojos intensos, refuerza la atmósfera de desesperación y fatalismo.