John Constable – A View at Hampstead with Stormy Weather
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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El cielo ocupa una parte considerable del espacio pictórico, exhibiendo una atmósfera cargada y dramática. Las nubes, representadas con pinceladas rápidas y gestuales, sugieren inminentes precipitaciones; el color predominante es un gris plomizo, interrumpido por destellos más claros que aluden a la luz filtrándose entre las formaciones nubosas. Esta representación del cielo no busca una fidelidad fotográfica, sino transmitir una impresión de fuerza natural e incluso de amenaza.
En primer plano, los árboles se erigen como barreras visuales y simbólicas. Su follaje, pintado con tonos verdes intensos y variados, contrasta con la frialdad del cielo. La técnica utilizada es suelta, casi impresionista, lo que confiere a las hojas una apariencia vibrante y orgánica. Se percibe un cierto desorden controlado en la disposición de los árboles, como si hubieran sido moldeados por el viento.
Al fondo, entre la vegetación, se vislumbra una edificación de aspecto modesto. Su presencia es tenue, casi diluida en el entorno natural, lo que sugiere una relación de humildad y adaptación a las condiciones del lugar. La arquitectura no parece destacar ni competir con la grandiosidad del paisaje; más bien, se integra en él como un elemento más de la composición.
La paleta cromática es limitada pero efectiva: predominan los tonos grises, verdes y marrones, que contribuyen a crear una atmósfera melancólica y contemplativa. La pincelada es visible y expresiva, lo que refuerza la sensación de espontaneidad y de captación fugaz del momento.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, donde esta última se presenta como una fuerza poderosa e incontrolable. La presencia de la edificación sugiere un intento humano por establecerse en un entorno hostil, pero también revela su fragilidad y dependencia del mundo natural. El cielo tormentoso podría simbolizar las dificultades y desafíos que enfrenta la existencia humana, mientras que los árboles representan la resistencia y la vitalidad de la vida. En definitiva, se trata de una pintura que invita a la reflexión sobre la condición humana frente a la inmensidad y el poderío de la naturaleza.