Daniel Merriam – InsideOut
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Un arco monumental domina el centro de la composición, actuando como un portal hacia una perspectiva más profunda y misteriosa. A través del arco se vislumbra una figura femenina vestida de blanco, aparentemente en movimiento o danza, aunque su identidad permanece ambigua. La repetición de formas curvas y arcos a lo largo de la estructura arquitectónica crea una sensación de continuidad y circularidad.
La naturaleza irrumpe con fuerza en esta construcción artificial. Un árbol robusto emerge del edificio, sus ramas extendiéndose como tentáculos que se entrelazan con el muro. En las ramas se posa una mariposa de colores vibrantes, un símbolo recurrente de transformación y fragilidad. Esferas translúcidas flotan en el aire, algunas suspendidas cerca del árbol, otras dispersas por todo el espacio, añadiendo una cualidad etérea a la escena.
En la base del árbol, se observa un grupo de figuras humanas o humanoides, representadas con una estética fantástica y ligeramente grotesca. Parecen estar enredados entre las raíces del árbol, como si fueran parte integral de su existencia. Su expresión es difícil de interpretar; sugieren tanto sufrimiento como resignación, quizás representando la carga emocional que pesa sobre el edificio y sus habitantes.
El uso de la perspectiva es deliberadamente distorsionado, contribuyendo a la sensación de irrealidad y desorientación. La repetición de motivos arquitectónicos y elementos naturales crea una atmósfera laberíntica, donde los límites entre lo real y lo imaginario se difuminan.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la fragilidad de las estructuras sociales, la relación entre el individuo y su entorno, y la búsqueda de un equilibrio entre la razón y la emoción. El edificio invertido podría simbolizar una sociedad desmoronada o una psique en crisis. La figura femenina a través del arco representa quizás la esperanza o la posibilidad de redención, mientras que las figuras enredadas en el árbol encarnan los traumas y las cargas emocionales que nos atan al pasado. La mariposa, con su ciclo de metamorfosis, sugiere un proceso de transformación personal y espiritual. En definitiva, se trata de una pintura rica en simbolismo, que invita a la reflexión sobre la condición humana y la complejidad del mundo interior.