Vladimir Borovikovsky – Portrait of Princess Ekaterina Alekseevna Dolgorukaya
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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La paleta cromática se centra en tonos pastel: blancos, rosas pálidos y verdes suaves que definen tanto la vestimenta como el paisaje difuso que sirve de fondo. La joven porta un vestido de corte sencillo, con un corpiño blanco adornado con detalles dorados y una bufanda rosa que cae elegantemente sobre sus brazos y hombros. Un broche azul, ricamente decorado, destaca en su pecho, aportando un punto focal de color y sofisticación.
El cabello, peinado a la moda de la época, está recogido parcialmente, dejando algunos mechones sueltos que enmarcan su rostro. La iluminación es suave y difusa, modelando delicadamente sus facciones y creando una atmósfera de serenidad. La piel aparece tersa y luminosa, evidenciando el cuidado puesto en la representación idealizada de la belleza femenina.
En primer plano, sobre un pequeño atril de madera, se encuentra una hoja de papel y un lápiz, elementos que sugieren una inclinación por las artes o los estudios intelectuales. Esta inclusión podría interpretarse como una alusión a su educación o sus intereses personales, añadiendo una capa de complejidad a la representación.
El paisaje que se vislumbra tras ella es borroso e idealizado: montañas lejanas y un cielo con nubes dispersas. Este fondo no pretende ser realista, sino más bien evocar una sensación de tranquilidad y nobleza. La vegetación exuberante en el borde izquierdo del cuadro refuerza esta impresión de un entorno natural idílico.
En términos subtextuales, la pintura parece aspirar a transmitir una imagen de virtud, inteligencia y refinamiento. La pose pensativa, la mirada introspectiva y los elementos asociados con la educación (el lápiz y el papel) sugieren una personalidad culta y sensible. La elegancia de su vestimenta y la suntuosidad del broche indican un estatus social elevado. En conjunto, la obra busca presentar a la retratada como una mujer idealizada, digna de admiración y respeto. La ligera tristeza que se percibe en su expresión podría interpretarse como una sugerencia de una vida interior más compleja, o simplemente como una característica inherente a su belleza melancólica.