Francisco Mateos – La brujona
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Las mujeres que componen el círculo están vestidas con ropas tradicionales, aunque estilizadas y simplificadas hasta casi la caricatura. Sus rostros son expresivos, marcados por una mezcla de curiosidad, desconfianza e incluso hostilidad. Los ojos, en particular, transmiten una intensidad inquietante; parecen escrutar a la figura central con una mirada acusadora. La uniformidad en sus atuendos sugiere una comunidad unida, pero también una posible conformidad y falta de individualidad.
La figura central se distingue por su vestimenta inusual: un manto rojo que contrasta fuertemente con el azul del vestido que lleva debajo. Su rostro es pálido y muestra una expresión de angustia o resignación. La posición en la que se encuentra, ligeramente encorvada y con las manos juntas, denota sumisión y fragilidad. La presencia de un objeto dorado, posiblemente un amuleto o colgante, sobre su pecho podría sugerir una conexión con lo espiritual o mágico, aunque esta interpretación es ambigua.
En el primer plano, una figura femenina yacente en rojo intensifica la sensación de sufrimiento y desamparo. Su posición horizontal contrasta con la verticalidad del resto de las figuras, acentuando su vulnerabilidad. La textura rugosa del suelo, pintado con pinceladas gruesas y empastadas, contribuye a la atmósfera general de tensión y malestar.
La línea de horizonte es alta, mostrando un paisaje urbano difuso y amenazante en el fondo. Esta representación fragmentada y despersonalizada del entorno sugiere una desconexión entre los personajes y su contexto social.
Subtextualmente, esta pintura parece explorar temas como la marginación, la persecución y el juicio social. La figura central podría representar a alguien que es diferente o que no encaja en las normas de la comunidad, siendo objeto de escrutinio y hostilidad por parte del grupo. El simbolismo de los colores –el rojo asociado con la pasión, el peligro y la vergüenza; el azul con la melancolía y la espiritualidad– añade capas de significado a la obra. La composición circular sugiere una dinámica de poder desequilibrada, donde la figura central es víctima de un juicio colectivo. En definitiva, se trata de una representación poderosa y perturbadora de la exclusión social y sus consecuencias psicológicas.