Marie- Claude Demers – Mystere et Boule de Gomme
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El primer plano está poblado por los niños, cada uno ataviado con un atuendo distintivo: hay princesas, piratas, animales fantásticos, brujas y otros personajes típicos del imaginario infantil asociado a esta época del año. La variedad en los disfraces sugiere una exuberancia creativa y una celebración de la individualidad dentro de un contexto colectivo. Se aprecia una paleta cromática rica y vibrante, con predominio de tonos naranjas, verdes, morados y rosas que contrastan con el azul oscuro del cielo nocturno.
En el terreno, calabazas talladas con expresiones sonrientes se mezclan con hojas otoñales, contribuyendo a la sensación de abundancia y alegría. Murciélagos volando por el cielo y fantasmas translúcidos flotando alrededor del castillo añaden un elemento de juego macabro, propio de las tradiciones de Halloween.
Más allá de la representación literal de una fiesta infantil, la obra parece explorar temas relacionados con la imaginación, el juego simbólico y la transición entre la infancia y el mundo adulto. El castillo en el fondo podría interpretarse como una metáfora del inconsciente o de los miedos infantiles, mientras que los disfraces representan las máscaras que adoptamos para explorar diferentes identidades. La yuxtaposición de elementos lúdicos y ligeramente siniestros sugiere una aceptación ambivalente de lo desconocido y una celebración de la libertad creativa. La escena evoca un sentimiento de nostalgia por la inocencia infantil y la capacidad de asombro ante el mundo que nos rodea.