Paul Cezanne – MONTAGNES EN PROVENCE,1886-90, NG LONDON.Venturi 491
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En el frente, las formaciones pétreas ocupan un espacio considerable, delineadas con pinceladas densas y contrastantes que enfatizan su volumen y textura rugosa. Se aprecia una paleta terrosa, con tonos ocres, marrones y grises, interrumpidos por destellos de blanco que sugieren reflejos de luz sobre la superficie rocosa. La disposición de las rocas no es naturalista; más bien, parecen organizadas en patrones casi abstractos, creando una sensación de monumentalidad contenida.
El fondo se abre a un extenso panorama de colinas y campos cultivados. La perspectiva se reduce a una simplificación de formas, donde los tonos verdes y amarillos se yuxtaponen para sugerir la vegetación y los cultivos. Se distinguen algunas construcciones humanas, modestas en tamaño y ubicadas estratégicamente en el paisaje, integrándose con la topografía circundante. La luz, aunque presente, es difusa y uniforme, contribuyendo a una atmósfera de quietud y serenidad.
El autor parece menos interesado en la representación fiel del entorno que en la exploración de las relaciones entre forma, color y volumen. La pincelada es deliberadamente tosca, casi fragmentaria, lo que confiere a la obra una cualidad táctil y material. La ausencia de figuras humanas refuerza la impresión de un paisaje deshabitado, donde la naturaleza se erige como protagonista indiscutible.
Subyacentemente, esta pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, o sobre la búsqueda de una nueva forma de representar el mundo a través del prisma de la abstracción geométrica. La solidez de las rocas contrasta con la fluidez de las colinas, sugiriendo una tensión inherente al paisaje mismo. La obra invita a la contemplación silenciosa y a la apreciación de la belleza intrínseca en la estructura y el orden del mundo natural.