Alfred Joseph Casson – algoma 1929
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En el segundo plano, las colinas ascienden, exhibiendo una paleta más cálida: ocres, amarillos terrosos y toques de marrón rojizo. Estas elevaciones parecen surgir directamente del terreno, sin una transición suave, lo que acentúa su monumentalidad. La repetición de formas redondeadas en cada capa crea un ritmo visual que guía la mirada hacia el horizonte.
El cielo ocupa una parte significativa de la composición y se presenta como una masa ondulante de azules pálidos y grises, con pinceladas que sugieren movimiento y profundidad. No hay indicios de sol o luna; la luz parece emanar de un origen difuso, envolviendo el paisaje en una neblina suave.
La ausencia de figuras humanas o animales refuerza la sensación de aislamiento y grandiosidad del entorno natural. La simplificación de las formas y la reducción cromática sugieren una búsqueda de lo esencial, una destilación de la experiencia visual en sus elementos más puros. El artista parece interesado menos en representar la realidad tal como es, que en transmitir una impresión subjetiva, un sentimiento de reverencia ante la inmensidad del paisaje.
Subyace una tensión entre la solidez de las formas terrestres y la fluidez del cielo, creando una dinámica visual que invita a la reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, entre lo tangible y lo etéreo. La obra evoca un sentido de melancolía serena, una invitación a la introspección en medio de la vastedad del mundo natural. La composición, con su estructura escalonada, podría interpretarse como una metáfora de la superación personal o el ascenso espiritual, donde cada capa representa un nivel de comprensión o experiencia.